2 de mayo de 2012

Perú (Abril 2012) Segunda Parte

3º Etapa: Machu Picchu
Domingo, 1 de Abril de 2012, 5:30 am. Suenan los despertadores en el cuarto piso del hotel Amanecer en el Sol de la ciudad de Cuzco. Este madrugón se debe a que hemos quedado con nuestro guía principal a las 6 y media en la puerta del hotel y antes hemos de desayunar pues el viaje va a ser relativamente largo.

Una ducha rápida a la luz de la... un momento, no hay luz en el baño, ni en la habitación. Una ducha rápida a oscuras y a bajar a desayunar, sin correr demasiado debido a la altitud. Avisamos de la luz en recepción y nos fuimos al comedor a servirnos una infusión de coca, unos bollitos con mantequilla y mermelada y algo de fruta.

En la pared lucía un mapa que tuve que fotografiar para acordarme de los nombres de los monumentos visitados. 


Willy nos presentó todo el plan en un mapa. El viaje de hoy consistia en coger un autobús de Cuzco a Ollantaytambo que tardaría alrededor de 2 horas. Posteriomente, nos subiríamos a un tren que tardaría otro par de horas en llegar hasta el pueblo de Aguas Calientes, también llamado Machu Picchu pueblo. Allí nos esperaría nuestro guía Nelson y nos meteríamos de nuevo en otro autobús que subiría desde el margen del río hasta Macchu Picchu por un camino en zig zag y tardaría alrededor de 25 minutos en subir. En total, 4 horas y media sin contar los intercambios de transporte. Saliendo a las 7 de Cuzco, llegamos a Machu Picchu casi a las 12 del mediodía. Esto es clave para tu piel, allí arriba el aire es muy puro y transparente y el sol es muy directo, sobre todo en las horas centrales del día. Para que os hagais una idea, mirad la marca de mi reloj a la vuelta:

He de aclarar que entre España y Perú hay siete horas de diferencia, pero ya llevaba tres días dándome unos buenos madrugones, como habéis leido, cinco o seis de la mañana de Perú, que son las doce o la una del mediodía de España, por lo que la sensación de jet lag era insignificante. Así que si quereis visitar un país como Perú y dividís el viaje en dos secciones como he hecho yo, os recomiendo dejar la de descanso para la segunda parte.

El que el trayecto entre Cuzco y Ollantaytambo se realiza en autobús en la estación de lluvia (en la que estamos). En las estación seca, los trenes van directamente desde Cuzco a Aguas Calientes. Desconozco como será el trayecto entre Cuzco y Ollantaytambo, pero me encantó poder disfrutar de esas largas cuestas para poder subir por encima de las montañas y las bajadas a los valles. Las vistas son deliciosas.
Tras una bajada, encontramos un puente en obras con su operario parando el tráfico ayudado por una señal de mano que rezaba Pare. Allí se detuvo nuestro conductor esperando a nada, puesto que no pasó ningún otro vehículo, hasta que, harto de estar parado, ignoró al trabajador y se plantó en mitad del puente, dando la casualidad (lógica casualidad) de coincidir con un coche en dirección contraria. Por tozudez de ambos, el conflicto se saldó con una retirara de conos que permitió a los dos vehículos cruzarse en el puente y continuar el viaje.

Llegamos a Ollantaytambo y nos dirigimos al tren como ganado. En serio, lo parecíamos. Toda la gente andando en bloque al mismo sitio por el único camino. Allí ocupamos nuestros asientos al lado de unos japoneses que rodaron todo el trayecto con una cámara de mano y un ipad.
Sin duda yo saldré en alguno de los montajes que harán con tantos minutos de metraje, por lo que no puedo resistirme a corresponderles de una forma similar, dados los instrumentos que yo tenía a mi alcance en ese momento.
Debido a este "robado" comenzamos a hablar con una pareja de argentinos que nos acompañaban, cara a cara, y que iban a realizar la última etapa del camino del inca. El camino del inca es, posiblemente, una de las rutas más impresionantes que existen. Consiste en caminar desde Cuzco a Machu Picchu durante cuatro días con un guía a traves de las montañas de los andes, durmiendo en acampada o pequeños refugios y cargando con las provisiones. En Perú se ofrecen bastantes rutas de aventura de este estilo.

Siguiendo el curso del río por el lateral derecho del mismo, avanzábamos entre montañas rodeados de una agradable mezcla de plantas tropicales, a cada cual con hojas más espectaculares, hasta que, llegado el momento que el conductor del tren determinó como idóneo, las ruedas se pararon poco a poco y nuestros compañeros de mesa fueron invitados a bajar del tren tal y como habian indicado para continuar el camino a pié.

Allí les abandonamos, en mitad de las vías, tras una pequeña conversación con el revisor:
Argentino: ¿Es aquí? Ok. Una pregunta ¿Hacia donde tenemos que ir, derecha o izquierda?
Revisor: Izquierda. Encontrareis un puente, lo atravesais y retomais la ruta allí.

Y nos alejamos a la misma velocidad que llegamos indiferentes a la pérdida de peso en el tren, como quien ve una orquidea, la fotografía y se marcha, en definitiva, con la sensación del deber cumplido.

Metros más adelante vimos el puente mencionado. "Supongo que irán por ahí", pensé. "Suerte", añadí mentalmente momentos después; hay que ser cortés en cualquier momento, incluso en un campo tan desconocido como la telepatía. De dominarlo probablemente me escucharon, pero dada mi poca experiencia en el tema fuí incapaz de escuchar el "gracias".

A la llegada del tren volvimos a salir como ganado, compramos unos ponchos mientras sorteabamos los pasillos de un gran mercadillo hasta llegar al minibus que escalaba una espiral hasta llegar a Machu Picchu 25 minutos más tarde.

En cada curva mirábamos asombrados la altura que estábamos escalando y sin ningún ataque de vértigo. El río se perdía entre los árboles que se agolpaban entre si como el metro en hora punta.

Al llegar arriba ascendimos un poco más a pié y Nelson nos empezó a explicar parte de la historia de Machu Picchu, que me resulta imposible de resumir aquí mismo, por lo que daré algunos de los detalles más relevantes.



En el caso de Machu Picchu, como en todo lo relacionado con la cultura andina, no existen documentos escritos fiables sobre su verdadera historia, hasta tal punto que se desconoce el nombre exacto de esta ciudad.

La llamada Machu Picchu está edificada en un montículo situado entre dos montañas, la verdadera Machu Picchu que se traduce como montaña vieja y Huayna Picchu, traducida como montaña nueva.

Estas edificaciones guardan la particularidad de que no fueron descubiertas por las tropas españolas en la conquista de los paises andinos, por lo que no se destruyó con la invasión. Dada la buena conservación de la obra, su calidad y su tamaño, se ha considerado una de las siete nuevas maravillas del mundo.

Pizarro llegó a Perú en un momento muy delicado. Había un conflicto armado entre dos hermanos incas por el poder de los Andes, uno de ellos en Quito y el otro en Cuzco. Esta situación favoreció al español que consiguió aliarse con un hermano para terminar derrotando a los dos.

Los españoles consiguieron hacerse con el poder y recibían los tributos (como impuestos) de las aldeas cercanas en las ciudades principales (como Cuzco) sin tener que dirigirse a ellas en persona. Esto favoreció a la conservación de Machu Picchu ya que eran los propios ciudadanos los que transportaban los bienes a Cuzco por el camino que expliqué anteriormente: El camino del Inca.

Por otro lado, también se habla de que Machu Picchu fue una ciudad autosostenida y autónoma, por lo que probablemente el comercio, basado en el trueque, era escaso o casi inexistente, lo que hacían de esta ciudad poco interesante.

Además, según comentan varios historiadores, Machu Picchu fue una ciudad que se desalojó al menos en dos ocasiones para desplazar a sus habitantes a otras zonas andinas. Esta puede ser otra de las razones por las que Machu Picchu terminó siendo invisible a los ojos hispanos.

Sin embargo mi explicación favorita es la más sencilla de todas: Los españoles no llegaron porque seguían el curso del río y desde el río no se ve Machu Picchu.

Siguió pasando el tiempo generando leyendas hasta que, en un determinado momento, un inca apresado por los hispanos solicitó un permiso para honrar a sus muertos en un ritual con una figura pequeña de oro macizo en la selva. Los hispanos le concedieron su deseo y el inca partió con una caravana de llamas y alpacas hacia la selva con algunos ayudantes.


Se dice que esta caravana transportaba un tesoro de incalculable valor, se adentró en la selva y nunca regresó por lo que en algún lugar de los países andinos se podrán encontrar una gran cantidad de objetos de oro mezclados con huesos humanos y de llamas. Con el paso del tiempo, la propia naturaleza se habrá apropiado de todo escondiéndolo bajo tierra, por lo que la probabilidad de encontrarlo, si es que existe, es mínima. A este enjambre de tesoros y huesos se le denominará Ciudad Perdida de los Andes.

A finales de 1800, Hiram Bingham, profesor de historia norteamericano (¡anda, como Indiana Jones!) conoció estas historias y se puso camino de los Andes para intentar encontrar más datos. El 24 de Julio de 1911, es decir, hace un siglo, Hiram llegó a Machu Picchu y se fijó esta fecha como la oficial del descubrimiento de Machu Picchu.

¿Qué se encontró Hiram Bingham al llegar?
Pues nada más y nada menos que dos familias que residian a escasos metros de la ciudad abandonada y que utilizaban parte de las construcciones como huertos. Pero estas personas no sabían ni leer ni escribir, por lo que no tenían ni voz ni voto para arrebatarle a Hiram el descubrimiento.

El que sí que podía tenerla era Agustín Lizárraga, que al parecer llegó años antes que Hiram y lo visitó varias veces, dejando, incluso, una señal en las ruinas con su nombre. Pero Agustín no tenía conocimientos históricos sobre lo que había conocido y no investigó, cosa que sí que hizo Hiram.

Hiram Bingham volvió a Estados Unidos, en concreto a la universidad de Yale llevándose como souvenir una colección de más de 45.000 piezas de la cultura inca. No ha sido hasta el año pasado, 2011, cuando Perú ha conseguido que dichas piezas se devuelvan al país. Ahora bien, Hiram posee dos placas conmemorativas a la entrada de la ciudad inca, y en 2011 se celebró el centenario por su descubrimiento. ¿A qué se debe tal reconocimiento conociendo el robo del que se le responsabiliza? Bajo mi punto de vista esto es muy curioso y no he encontrado ninguna explicación.

Nada más llegar a Machu Picchu podemos apreciar que se divide en dos grandes zonas, separadas por una falla natural. Lo que aparece normalmente en las fotos es una sola de esas partes, la dedicada a las viviendas, templos, escuelas y plaza principal, donde se hacía vida social. Las fotos están tomadas concretamente desde la zona que se dedicaba a la agricultura y ésta está formada por unas terrazas que recorren toda la colina a lo largo, en estratos con una anchura entre un metro y medio y dos metros y una altura entre terrazas similar.

Pero estas terrazas no son simples escalones grandes. Si partimos uno de éstos veremos que están formadas por varias capas, desde piedras grandes, pasando por medianas y por encima una capa de tierra. Están perfectamente estructuradas para evitar que las plantas se cayesen o se derrumbasen las terrazas, asegurando también la concentración de nutrientes necesaria para poder cultivar y el drenaje del exceso de agua.


Pasando por un camino que unía las dos partes de la falla, se accede por una puerta a la ciudad de Machu Picchu. Uno de las características de las puertas incas originales es el dintel de las puertas, realizado en piedra y de grandes dimensiones. Todas aquellas que sean de madera, son sustituciones posteriores.

Al ser la puerta principal, por dentro, tiene a ambos lados un par de cilindros entre las rocas donde se ataban los maderos para cerrar el portón.


Una de las primeras estancias donde estuvimos se trataba de una pequeña habitación que tenía la particularidad de amplificar el sonido. Rodeado de nichos en sus paredes, cualquier persona que susurrase en ellos podía ser escuchada en toda la habitación e incluso fuera de ella. El sonido se amplificaba tanto en horizontal como en vertical.

Esta NO era la función principal del edificio, aunque uno de sus nombres es el templo del sonido. La estancia está realizada en piedra bien trabajada y apilada siguiendo líneas horizontales, es decir, con todas las piedras de la misma altura y guarda una perfecta simetría.

Más adelante nos encontramos con el templo principal de Machu Picchu. Posiblemente sea uno de los edificios peor conservados de la ciudadela ya que está situado encima de una falla, lo que hace que sea muy sensible a los sismos y en sus paredes podemos observar como las piedras se han separado entre sí facilitando el derrumbe.

Seguimos hacia adelante y nos encontramos la plaza principal donde se solían hacer reuniones tanto militares como civiles como fiestas o comerciales. Recordemos que en la época inca, no existía una moneda, sino que el comercio se basaba en el trueque.

En uno de los laterales de la plaza tenemos una pequeña terraza donde se han plantado las distintas especies de plantas que crecen en los andes. Entre ellas hoja de coca, tan apreciada por su efecto anti mal de altura y antiguamente considerada como planta divina.



Bien, la hoja de coca, que mucha gente me ha preguntado, posee entre el 0'1% y el 0'8% de cocaína. La concentración es tan pequeña que habría que tomarse unos 500 mates de coca como para poder notar cualquier efecto de la droga. Sería todo un reto intentarlo ya que el tiempo que lleva consumir tantas infusiones es tanto que te desharías del principio activo antes de haber alcanzado tu objetivo.

El mate de coca facilita la absorción del oxígeno en los pulmones y esta es la razón por la que se consume para combatir el mal de altura. Además de esta particularidad, es digestivo y ayuda a la expulsión de gases. Por último, como la mayoría de las infusiones, es diurético.

La coca (como planta) también está regulada por la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 que limita su venta exclusivamente en los paises andinos. Yo me traje un saquito sin problemas en la maleta, pero lo siento, no os la puedo vender.

Llegando ya al otro extremo de la ciudad, nos encontramos con una piedra pulida como una mesa, que podría indicar la finalidad de la misma como altar o mesa de sacrificios. Esta mesa posee cuatro esquinas apuntando a los cuatro puntos cardinales, misterio que todavía no se ha resuelto. ¿Simple casualidad? Existen muchas piedras talladas de forma similar apuntando a los cuatro puntos cardinales de las que se sigue intentando averiguar el porqué y el cómo.

Actualmente a esta mesa se le atribuyen propiedades mágicas y cúmulo de energía positiva. Los científicos, por supuesto, no han logrado confirmarlo por lo que, en el caso de necesitar energía, recomiendan, al igual que nuestro guía, acercarse unos kilómetros más adelante a la central hidroeléctrica, que, esta sí, está certificada.

Detrás de esta piedra se han cubierto dos de las casas de Machu Picchu siguiendo la técnica Inca para la construcción de tejados. Los tejados de madera originales no se conservan ya que es lo primero que se descompuso. Se cree que encima de la madera había capas de oro.

Entre estas dos casas se situa una roca de grandes dimensiones cuyo perfil muestra una "maqueta" de las montañas que rodean Machu Picchu.


Volviendo de nuevo a la zona agrícola, pero por la parte inferior de la ciudad, visitamos cuatro edificios importantes: La casa del sumo sacerdote o la esposa del monarca, la casa del monarca, el observatorio y el Templo del Sol.

La casa del sumo sacerdote o la esposa del monarca no quiere decir que fuesen la misma persona, sino que no se sabe con claridad a quién pertenecía. Por las piedras utilizadas y la forma de construcción, esta residencia pertenecía a alguien de gran importancia en la ciudad. La distribución de las habitaciones hace pensar que no recibía a gente ni tenía personal dedicado para él, por lo que se descarta que fuese la casa del monarca.

Estas facilidades, como cocina, sala de recepción, dormitorio e incluso aseo, sí que las tiene la llamada casa del monarca. Además, posee pasillos por donde accedian las personas de servicio. Es curioso ver el aseo, con un desagüe hacia la falla. Más adelante hablaré de las canalizaciones de agua.

Bajamos unas escaleras hacia el observatorio, con tres ventanas, característico de los templos incas, y con dos piedras en el suelo en los que estaban tallados dos agujeros circulares, como cuencos. Ahí se volcaba agua y se miraba el reflejo de las estrellas. Éstos son los llamados espejos de agua.

La función de las tres ventanas no era ni más ni menos que la de calendario. En cuanto el sol atravesaba la ventana central e iluminaba una zona del observatorio coincidiendo con el solsticio de invierno, muy importante para la agricultura y los cultos al Sol (Buscad la ceremonia de culto al Sol llamada Inti Raymi).

Al lado accedemos a la parte inferior del templo del Sol, coronado por un torreón de atípica forma circular y de piedra pulida, como todas las edificaciones de importancia en la cultura inca.

En la parte inferior se identifican diferentes nichos donde probablemente se conservaban momias y un pequeño altar con distintas alturas. Es curioso ver como los incas no adaptaban las piedras del lugar a sus construcciones sino sus construcciones a las piedras del lugar. Una de las paredes de este templo muestra esta particularidad.


Entrando en el templo, en una de las paredes, habia un hueco similar a una chimenea, en la que se depositaban las ofrendas para honrar al Sol. Actualmente hay gente que sigue creyendo y deja sus ramas de coca (recordemos que eran plantas sagradas), monedas o incluso galletas, que fué lo que nos encontramos nosotros allí.

Las canalizaciones de agua de las que hablé en la residencia del monarca, se habian realizado a lo largo de la falla natural y bajando por la montaña. Estas canalizaciones estaban realizadas en los propios bloques de construcción de los edificios. Se hacía un canal en la cara superior de un bloque y en la inferior de la piedra situada justo encima, con el fin de formar una especie de tuberia que corria por las juntas.

En cualquier otra construcción esta técnica no hubiese tenido sentido, pero la arquitectura inca era tan perfecta que conseguía que estos canales apenas perdiesen agua.

La construcción de "tuberias" en piedra incluía, además de los tramos rectos, tramos en curva con ángulos que impedían la obstrucción del tubo. Una obra perfecta de fontanería.

No puedo dejar de recomendar la visita a esta sensacional construcción inca. Todo lo que he contado sobre Machu Picchu es una pequeña muestra de lo que se puede encontrar en esta ciudad escondida entre montañas andinas y apenas muestra la grandiosidad de esta maravilla arquitectónica.

Continuamos nuestra aventura bajando de nuevo a Aguas Calientes a comer de buffet platos típicos de Perú y, tras comprar una bolsa de hojas de coca, nos metimos en el tren camino de Ollantaytambo.

El tren arrancó y atravesó la vegetación a su velocidad habitual hasta que paramos en una curva. La máquina se había estropeado. 

La gente se ponía nerviosa y quería explicaciones sobre lo que estaba pasando y el personal del tren únicamente podía comunicarles que se había averiado la máquina y venía otra en camino. 
Siempre me parecieron curiosas estas situaciones en las que la gente quiere saber cual es el problema en concreto de las tuercas del motor del tren como si eso cambiase la necesidad de esperar a por otra máquina. Quizás por eso, o por mi forma de ser, en vez de preocuparme, comenté con mi primo las ventajas de pasar la noche en el tren en el caso de que se nos diese opción a continuar el camino andando. Es obvio, no hace frío, los animales lo tienen más dificil para alcanzarnos y devorarnos y a decir verdad los asientos no eran incómodos del todo.

Por si acaso, mi primo y yo localizamos un par de personas con sobrepeso por si la espera se alargaba y tuviésemos que devorarnos entre nosotros.

Nuestra calma constante chocaba violentamente con el nerviosismo creciente del pasaje y para evitar que la situación empeorase dejé en la despensa frases afiladas del estilo: "Ya vereis cuando nos empiece a faltar el aire".

La locomotora llegó una hora más tarde. Empujó el tren hasta una zona donde se duplicaba la vía, lo adelantó y remolcó el tren hasta Ollantaytambo, donde cogeríamos el autobus hasta Cuzco y por último un taxi pagado por la agencia hasta el hotel.

Caímos derrumbados en la cama. Lo justo para empezar a ver nuestro apreciado programa "Caminos de la Muerte", aunque esta vez, no llegamos más allá de los creditos iniciales.

12 de abril de 2012

Perú (Abril 2012) Primera Parte

Si bien es cierto que la situación económica y laboral no es buena actualmente en España y que muchos jóvenes han de emigrar a distintos destinos para poder encontrar trabajo, la verdad es que sin esa razón posiblemente esta entrada del blog se reduciría a la mínima expresión.

Ya fue hace un año cuando mi primo, harto de buscar trabajo aquí y no encontrar, decidió aventurarse cruzando el atlántico y cambiándose al pacífico a una distancia de 9500 km desde su residencia habitual. 

El país escogido para asentarse y donde encontró trabajo fue Perú y la ciudad es Lima. Esta ciudad le permitía además continuar con el deporte que estaba empezando en España, el surf, afición que ambos compartimos.

En Octubre comenzamos a hablar de hacer un viaje por las playas de Perú, surfeando las olas del Pacífico, algunas de ellas que todavía él desconoce y elegimos una fecha: Semana Santa del 2012. Ambos teníamos vacaciones y pidiendo algunos días más podríamos juntar los suficientes para los desplazamientos.

Pero claro, es delito ir a Perú y no ver nada de la cultura andina (o inca). Así que nos vimos forzados a reducir los días de olas para incorporar parte de cultura. Y ¿qué mejor cultura que el impresionante Machu Picchu? Ya que viajamos vamos a hacerlo bien.

La aventura a la que nos enfrentábamos fue mucho mayor de la que pensábamos en un principio y es tal y como os la voy a contar a continuación. Aviso que la palabra "corta" no está dentro de sus principales adjetivos.

El viaje lo dividiré en dos fases: cultura y entretenimiento. La primera de ellas comprenderá los tres primeros días del viaje y será mucho más densa que la descripción de la segunda. ¿Quién dijo que el saber no ocupa lugar? Comenzamos.

Fase I: Cultura
1º Etapa: Viaje Madrid - Lima
Viernes 30 de Marzo de 2012, mediodía. Mis maletas están listas desde la noche anterior. Lo sé, no soy de los que se pasan una semana haciéndola.


Mi cabeza me dicta que necesitaré una maleta grande con ropa para montaña y ropa para playa. Además de esto, necesitaré una mochila para las excursiones y, para evitar estar facturando equipaje, una maleta de tamaño pequeño. Además de esto una mochila con todo lo relacionado con la reflex, unos cuantos libros para amenizar las 12 horas de vuelo que tarda en llegar mi avión a Lima y las 12 y media que tarda en volver, iPad, iPod y un cuaderno para escribir.

Una vez en el avión, ni siquiera necesité la ayuda de mis libros para entretenerme. El sueño era mi mejor aliado (y me haría un gran favor posteriormente). De las 12 horas de vuelo dormí unas 6 y las 6 restantes las perdí principalmente viendo In Time y Other Earth pero las gané con las comidas y refrescos que repartian las azafatas de Air Europa.

Aterriza el avión, recojo la maleta y conforme me acerco a la salida de pasajeros se oyen cánticos y gritos carnavalescos de personas que esperan a sus familiares tras largas temporadas de esperas y me sumerjo en una marea de taxistas que me ofrecen llevarme a la ciudad. Mi objetivo, encontrar a mi primo entre la multitud de pancartas y silbatos. Una vez localizado, al taxi y a su barrio.

Mi primera acción en Perú se redujo a arreglarle la wifi, ya que había perdido la contraseña en un formateo del pc. Fácil, su instalación la realizó mi propia empresa.

Una vez arreglado, a la cama, tendremos que levantarnos como tarde a las 4 am para coger un avión a las 6 am.

2º Etapa: Viaje Lima - Cuzco
Sábado, 31 de Marzo de 2012, 4:50 am. Abro los ojos, palpo el sofá que tenía como cabecera hasta dar con mi móvil. La última vez que cerré los ojos esa noche eran las 3 de la madrugada.


Rápidamente me levanté de un salto, corrí hasta la habitación de mi primo y le desperté diciéndole que no llegábamos al vuelo de las 6. Mientras llamaba al taxi, finalicé mi maleta pequeña con toda la ropa que necesitaría en Cuzco

- Lo más rápido posible al aeropuerto - le indicó mi primo al taxista mientras salíamos corriendo por su portal. - En cuanto tiempo puede llegar allá?
- Estaremos en 20 minutos.
- Creo que podemos llegar, corra.

Salimos disparados del taxi esquivando coches por el incipiente caos de calles y carreteras limeñas, dejando propina por no disponer de cambio y no pararnos a recoger las vueltas y nos dirigimos a la mesa de facturación de Peruvian Airlines para recoger nuestros billetes. Eran las 5:40 y corríamos por los pasillos del aeropuerto rezando por que no nos parasen mucho tiempo en el control policial. Y... llegamos al avión.

Tal y como llegamos a nuestros asientos, habiendo subido las maletas y antes de despegar, nos dedicamos a tomar aliento y a descansar. El primer objetivo ha sido cumplido.


Nada más aterrizar buscamos nuestros nombres en el pequeño y peligroso (por su situación geográfica) aeropuerto de Cuzco, Teniente Alejandro Velasco Astete.

Willy, el responsable de la agencia con la que recorreríamos parte de la sierra andina, nos esperaba y nos dió los primeros consejos sobre el mal de altura: No correr ni realizar esfuerzos físicos bruscos, evitar sofocarse, no tomar (beber alcohol) en las primeras 24 horas ni mantener relaciones sexuales y evitar comidas copiosas puesto que las digestiones a tanta altura son mucho más lentas. 


Llegamos al hotel tan pronto que nos prepararon una habitación temporal para poder descansar mientras se libraba la nuestra, no sin tomar antes un mate de coca que nos ayudase a adaptarnos a la altura.


Tras haber dormido unos minutos que no llegaron a horas, decidimos preparar las mochilas y patearnos parte de Cuzco antes de que nos pasen a buscar al mediodía y de esta forma conocimos la Plaza de Armas (plaza principal en las ciudades peruanas) con su catedral y su curioso Starbucks. 



Continuamos hacia el barrio de San Blas, viendo nuestra primera alpaca y la famosa piedra de los 12 ángulos, pasando por la plaza de San Blas donde se celebraba un mercadillo de artesanía con sus figuras de madera talladas y mantas de una densidad cromática que ya quisieran poder reflejar la mayoría de las cámaras de fotos actuales. 


Seguimos paseando por calles estrechas hasta llegar al mercado de San Blas, medio vacío y especializado en verduras y frutas. 


No pudimos resistirnos a tomarnos un delicioso jugo de "nosecuantas" y "nosecuales" frutas en uno de los puestos, acompañados de una sonriente cusqueña. Vosotros mismos podéis dar fe:




Bocadillos de queso y pollo para comer en el mismo lugar para continuar nuestra caminata de vuelta hacia el mercado de San Pedro, muchísimo más grande, con gran variedad de productos textiles y alimenticios, donde pudimos tomarnos unos pequeños tamalitos y charlar con los lugareños.

Destacaré la cantidad de carne que se vendía en ese mercado. Pollos y cerdos en gran medida, que seguro que fueron alimentandos de una forma mucho más natural que los nuestros pero con unas condiciones de conserva casi o completamente nulas. No pretendo hacer de esta entrada de blog un album de fotos, sin embargo pienso que este hecho he de ilustrarlo.


Llegó el mediodía y nos recogieron en el hotel para llevarnos a la excursión programada por los templos de los alrededores de Cuzco: Qoricancha, Sacsayhuaman, Tambomachay, Puca Pucara y Qenqo.

Lo primero que hay que tener en cuenta de la cultura Inca es que, si bien fueron unos arquitectos excelentes que incluso a día de hoy no se sabe cómo se pudieron realizar gran parte de sus edificaciones con las limitaciones de la época unido al desconocimiento de elementos que consideramos básicos como la rueda, no desarrollaron lengua escrita. Por lo tanto, las historias que se conocen de la cultura andina fueron transmitidas de forma oral hasta que los historiadores empezaron a plasmarlas en papel, tras la llegada de Pizarro. Esto implica una posible inexactitud en la datación de los hechos y, sobre todo, una libertad a la hora de escribir los nombres de cada uno de los lugares de los que voy a hablar.

Por otro lado, la cultura andina comercializaba mediante el trueque y los elementos dorados y plateados se utilizaban con un fin totalmente ornamental en construcciones dedicadas a dioses o monarcas, sin un valor definido como pertenencia. Tras la llegada de Pizarro, los incas no entendían el afán de los españoles por profanar templos para recoger la mayor cantidad de oro y plata posible, muy apreciado en Europa. Esto ha sido motivo de disputas sobre la "ética" de los españoles a lo largo de siglos (e incluso todavía genera odios). Si bien es cierto que actualmente se puede considerar un abuso de poder, en aquella época de conquistas, desgraciadamente, las civilizaciones se aplastaban literalmente entre ellas con el fin de dominarse, rigiéndose por la ley del más fuerte, que no la del más inteligente o arquitectónicamente ágil.

A partir de este orgullo sobredimensionado se libran multitud de batallas cuyos botines se cargan en barcos que terminan en los fondos marinos por diferentes motivos, desperdigando las riquezas a lo largo y ancho del globo esperando ser descubiertos por algun cazatesoros. El debate se sitúa entonces en saber hasta que año hemos de remontarnos para hacer llegar estos tesoros a su dueño (obviamente imposible) o a la persona o entidad con vida más cercana al mismo.

Otra opción consiste en eludir los conflictos armados intentando esconderse entre la naturaleza llevándose consigo la mayor cantidad posible de los preciados metales. Si ya son numerosos los tesoros hundidos, se les debe unir los que fueron diseminados por montañas y junglas de la zona y que muy probablemente se encuentren bajo unos cuantos metros de tierra. Estas huidas provocaron la famosa búsqueda de El Dorado por todo el continente sudamericano y sigue siendo un misterio. De esto hablaré más adelante cuando describa mi visita al Machu Picchu.

Por último y como anotación, la palabra inca designa a un solo hombre, el monarca. Por extensión, a la cultura desarrollada bajo el mandato de todas las generaciones de incas se les llamó cultura de los incas o cultura inca. Lo más correcto sería denominarla cultura andina.

La primera visita que realizamos, en la misma ciudad de Cuzco, fue el llamado Qoricancha.

Estas edificaciones en honor al Sol han sido realizadas con un cuidado exquisito. Unos muros extraordinariamente pulidos mediante fricción con arena y encajados unos con otros mediante la técnica de macho-hembra (similiar a los enchufes).

En la parte exterior se conserva un jardín en el que antiguamente había colocadas diferentes estatuas de plata. Utilizando como base la parte que aún quedaba en pié de las construcciones incas y preincas, se edificó en 1539 el convento de los dominicos, que fue destruido por un terremoto más adelante y reedificado en 1680 de nuevo.

Hasta hoy en día la gestión de la visita a las ruinas incas se lleva a cabo por la congregación de los dominicos y la totalidad de la recaudación es dirigida a la Iglesia, por lo que la ciudad de Cuzco no recibe ningun porcentaje de la entrada de forma directa.

Tras pasar la puerta del convento accedemos al claustro donde se mezcla el arte hispano con la arquitectura inca y una pieza en oro tallado donde se explicaba con dibujos de forma esquemática los dioses y la importancia de la dualidad, así como los tres mundos en los que se dividía la Pacha Mama o Madre Tierra.

Centrándonos en la arquitectura inca, las distintas salas se diferenciaban según su función, ya fuesen para sacrificios o observatorios astronómicos. Es importante destacar que todas las construcciones se realizaron de forma trapezoidal, para tener mayor resistencia a los sismos y que en ellos prima la simetría y exactitud matemática. Por poner un ejemplo, las ventanas de las habitaciones contiguas estaban alineadas entre sí, a la misma altura, con la misma forma y con el mismo tamaño exacto.

Explican el inca Garcilaso, que las paredes estaban cubiertas de oro. Obviamente, este oro fue extraido a la llegada de los españoles.

Continuamos la visita subiendo a Sacsayhuamán, a 3500 metros de altitud sobre el nivel del mar.


En un principio se pensaba que esos muros en zigzag característicos de Sacsayhuamán correspondían a una fortaleza, pero esta idea se ha descartado, entre otras cosas por no estar cerrada consigo misma.

En realidad la finalidad de Sacsayhuamán sigue siendo un misterio. El nombre significa Halcón Satisfecho, y tampoco es que aclare mucho la finalidad de la construcción. Es probable que la palabra Halcón no sea totalmente correcta y se utilizase para designar a lo que realmente eran cóndores. Una de las teorias contempla la posibilidad de que este terreno estuviese dedicado a los cóndores que representaban el mundo superior de la Pacha Mama. Los cóndores eran considerados como mensajeros entre el mundo superior y el medio, ya que podían volar y posarse en la tierra.

El animal que representaba al mundo medio, el terrenal, era el puma y el representante del mundo inferior, la serpiente. Para los incas el ciclo de la vida espiritual era desde abajo hacia arriba. Como curiosidad, la ciudad de Cuzco tiene forma de Puma.

Es importante observar algunos detalles de estas construcciones. El primero es que las rocas utilizadas son de mucho mayor tamaño que las del templo Qoricancha.

Al principio se pensaba que las enormes rocas fueron trasladadas desde una cantera que producía el mismo tipo de piedra situada a 32 km, pero posteriormente fue descartado ya que los incas no conocían la rueda y desplazarlas con troncos o trineos era imposible. El peso de la piedra quebraba los maderos o los hundía en el terreno. ¿Cómo trasladaron las rocas entonces? La respuesta más fácil es la correcta: se edificó sobre la propia cantera.

El segundo detalle es que estas piedras no están tan trabajadas como las del templo anterior. ¿Razón? Las rocas se pulían mediante rozamiento con arena como ya expliqué. Para ello las ataban y las arrastraban por el suelo, rotaban la piedra y seguían arrastrando y así hasta completar todos los lados. El transporte incluía el pulido. Que las rocas no estén pulidas es otra prueba de que se edificó sobre la propia cantera, lo que elimina la fase de traslado.

Además de estos muros se conservan también la base de una torre de vigilancia.

¿Qué pasó en este terreno? Tras la llegada de los españoles a Cuzco, se produjo una gran batalla en esta pradera donde murieron muchísimos incas. Los españoles poseían armas de fuego para contrarrestar las armas artesanales de piedra de los incas.

Cuenta la leyenda que tras la batalla, Pizarro encargó capturar 7 cóndores y los llevó a la plaza de armas de Cuzco. Allí convocó a todos los ciudadanos, que presenciaron la decapitación de los 7 cóndores. Esto significó la victoria de las tropas españolas sobre las creencias de los incas.

Posteriormente, parte de las rocas se tiraron ladera abajo para que rodaran hasta Cuzco. Con ellas se comenzaron a edificar las casas coloniales de los conquistadores. Este uso estuvo permitido por el ayuntamiento de Cuzco hasta 1930.

Lo que vemos es aproximadamente el 20% del total construido.

Nos dirigimos al siguiente templo, Tambomachay, "dedicado al agua" y ubicado a 3700 metros de altitud.


Se considera Tambomachay como el paso obligatorio para el acceso a la ciudad de Cuzco por las rutas andinas. Estas construcciones están formadas por bloques de piedra de menor tamaño, apiladas de una forma más descuidada y sin pulir.

Erróneamente se denomina a Tambomachay como un templo dedicado al agua, debido a la fuente tan particular que protagoniza la fachada. Se cree que esta edificación tenía por objetivo utilizarse para limpiarse tras los largos viajes a la ciudad sagrada de Cuzco como símbolo de respeto.

Como en las edificaciones anteriores, Tambomachay tiene sus particularidades. La fuente no ha dejado de manar agua desde que se construyó, aunque posee un gran número de bacterias por lo que si se bebe, lo mas probable es que siga depurando a las personas, tanto espiritual como físicamente.

Tras la caida de agua superior, de alrededor de un metro de altura, el agua se divide en dos ramales por los que fluye exáctamente la mitad del caudal en cada uno de ellos. Está comprobado que, si se ponen dos cubos idénticos en cada lado, se llenan al mismo tiempo.

Es un claro ejemplo de la importancia y el dominio de la simetría en las construcciones incas y una prueba de que actualmente no somos lo suficientemente inteligentes como para encontrar la forma con la que lo conseguían utilizando los medios de los que disponían.

Enfrente de esta edificación se ubicaba una nueva torre de vigilancia que dominaba la ciudad de Cuzco.

Nuestro siguiente destino se llama Puca Pucara, en el que apenas nos detuvimos.


En el siglo XIX, cuando se excavó esta fortaleza, la llamaron "fortaleza roja". Probablemente era una de las muchas estaciones en las que se relevaban los mensajeros, se almacenaban ropas o se daba albergue a militares, peregrinos, viajeros o comerciantes. Quizá fuera un punto de control en el camino hacia las fuentes sagradas de Tambomachay.

Por último, nuestro último "templo" visitado fué el laberinto de Qenqo.


Este curioso lugar parece un santuario dedicado a la Pacha Mama. Consta de una plaza en la que, lo más probable, se debieron realizar ceremonias en presencia de ídolos o momias, dado que está rodeado de un muro con 19 nichos.

Sobre una superficie elevada por rocas se levanta un monolito de 6 metros que se desconoce lo que representa y que fue destrozada por los españoles durante la "extirpación de idolatrías".

Accediendo por un lateral, se encuentra un tunel cuya entrada dicen que representa un útero. Siguiendo el camino bordeando las enormes rocas llegamos a una nueva plaza donde podemos entrar a un nuevo tunel que nos conduce a una sala bajo una piedra con una gran mesa de piedra.

Siguiendo con la tradición de las peculiaridades, esta mesa se mantiene a una temperatura constante de 2º centígrados. Esta característica la hace idonea para usarla como mesa de sacrificios o de embalsamamiento y dispone en un lateral de un canal en zig zag que probablemente se usaba como conducto para hacer correr la sangre de las víctimas.

Además hay dos prominencias cilíndricas sobre un pedestal oval, orientadas hacia el norte magnético y conocida como "piedra para amarrar el sol". Posiblemente con finalidad astronómica.

Y hasta aquí la ruta de los templos. Cogimos el autobús de vuelta a Cuzco y nos fuimos, desesperados, a tomarnos algo de cenar.

Haciendo caso omiso de las recomendaciones de nuestro guía, pedimos dos sopas criollas, un cuarto de pollo broster, una brocheta de anticucho (corazón de rés) y una jarra de chicha morada (una especie de cerveza de maíz).

El camarero nos sorprendió con dos platos gigantes de sopa, dos brochetas de corazón de res con su guarnición de arroz y ensalada y la mitad trasera de un pollo broster con sus acompañamientos. Comimos hasta hartarnos y tranquilamente podríamos habernos llevado los restos para desayuno, comida y cena del día siguiente, pero al pedir la cuenta: 55 soles, es decir, menos de 15 euros. Menos de 15 € los dos.

12 de marzo de 2012

Chronicle


Hace un par de días fui al cine a ver Chronicle. Una película de Josh Trank donde se cuenta la experiencia de tres jóvenes que adquieren superpoderes y juegan con ellos aunque a veces se les van de las manos.

Otra película de superheroes, pensé, pero esta vez, viendo el trailer, es diferente. La fotografía es diferente, es como si algunas escenas hubiesen sido grabadas con un móvil o una cámara de mano por alguno de los protagonistas. Todo el trailer muestra tomas donde los protagonistas se demuestran entre ellos lo que son capaces de hacer. 

Esto, para mí, puede ser un gran acierto. Una especie de Misfits adaptada a la gran pantalla. Otra película de superhéroes pero desde un punto de vista mucho más cercano y, entre otras críticas, la de Álex de la Iglesia calificándola como "la mejor película de superhéroes que ha visto".


Nos metemos en la película y conocemos a los tres protagonistas que llevan unas vidas bastante diferentes entre sí. Andrew es un joven introvertido debido a problemas familiares, que se reune todos  los días con su primo Matt, más sociable y racional, para asistir a las clases de instituto. Es allí donde Steve, un chico extrovertido, confiado y popular, se presenta para ser elegido presidente en representación de los alumnos.

Para mi gusto, ya en los primeros minutos se comete un error al centrarse tanto en Andrew y no saber apenas nada de Matt, quien será muy importante en la historia a contar. ¿Fallo de guión? ¿Fallo de dirección? ¿Fallo de montaje? Vayamos por partes.

El guión, pese a ser una historia típica (Meteorito -> proporciona poderes -> no los dominan -> los dominan y la cagan) llega a ser original por la forma en la que está contada, a través de los tres personajes que se alternan la cámara y también por las diferencias que hay entre ellos, alguno domina unos trucos antes  que los demás o los descubre antes. Y esto lo vivimos en primera persona. El guión es de lo mejorcito de esta película.

Con respecto a las actuaciones, el mayor protagonista, Andrew (Dane DeHaan), clava su papel. Matt (Alex Russell) y Steve (Michael B. Jordan) también cumplen con sus líneas de forma notable pero la película debería haberlos explotado más. Quedan por último 3 personajes secundarios que apenas gozan de minutos en la película, pese a ser bastante importantes. Son la madre de Andrew, el padre y la novia de Matt, Casey.

Del vestuario no hay nada que destacar. La ropa es actual, encaja con los personajes, su aspecto juvenil y sus personalidades, por ejemplo, Steve lleva ropa menos discreta que sus amigos, y es el personaje al que más le gusta destacar. Por otro lado, el maquillaje está muy bien conseguido en las heridas de Andrew.

Todo lo que he comentado hasta ahora han sido los puntos a favor de esta película. Los siguientes no es que sean todos malos, sino que pese a ser buenos, juegan en contra y se llevan mi mala crítica.

Empezando por los efectos especiales que son excelentes y espectaculares pero cansan. Son muchos y se enseñan todos durante unos segundos, como si hubiésemos pasado por un software de edición de video y hubiesemos probado todos las opciones del programa. Saturante.

La dirección falla en cuanto a ritmo. Hay escenas rápidas, hay escenas lentas pero las transiciones entre ellas son bruscas y desordenadas. ¿La única excusa para justificar esto? Que la película está rodada como si fuese un video amateur y como amateur que son, hay despistes y fallos de principiante.

Fotografía. Los planos son correctos, siguen bien la acción y gracias a estar rodada por los propios personajes, el espectador está dentro de la película. Por esa razón algunos planos marean (La cámara se cae, o la tiran). Un fallo (el primero de esta escena) es la conversación entre Matt y Casey en la puerta donde vemos a Matt defrente en el centro de la pantalla, Casey de espaldas a la derecha de Matt y el reflejo de Casey en un espejo al lado izquierdo. 

Bajo mi punto de vista esto es un fallo grande. Esta situación obliga al espectador a cambiar el punto de atención de una forma poco habitual. La forma natural e instintiva de una persona de seguir el hilo de una conversación es mirar al personaje que habla en cada momento. Habla Matt, miramos a Matt, habla Casey, miramos a Casey (en este caso su espalda). La atención funciona como un partido de tenis, dirigimos la mirada a la derecha de la pantalla porque Casey está ahí.

A la hora de añadir el espejo con la cara de Casey a la izquierda, obligamos al espectador a mirar al espejo en vez de a Casey de espaldas. La conversación entre dos personas pasa a ser ahora una conversación de una persona contra un espejo situado en el lado opuesto de la pantalla. Y no solo eso, tanto Matt como el reflejo de Casey están mirando al espectador. Demasiado trabajo para el espectador y excesiva distracción (y lo peor, no es la única en esa escena) como para seguir el hilo del diálogo.

Desengañémonos: para que el espectador se crea que la peli ha sido rodada por los protagonistas no es necesario que toda la película imite el estilo amateur. Estos detalles sólo son necesarios en los momentos en el que el plano sea lo más importante de una escena. En momentos donde el guión o la acción toma protagonismo, la fotografía es secundaria ya que no reune la atención del espectador, por lo que se podría haber utilizado un plano distinto, más cómodo y atractivo, sin romper la estética.

Montaje, en algunos casos un acierto, por ejemplo en el hospital. Es sencillamente brutal ver como Andrew se mantiene en la misma posición aunque haya cortes en la unión de tomas y el padre vaya variando de posición. Este efecto logra que el espectador entienda que ha pasado mucho más tiempo y ayuda a mostrar la gravedad de las lesiones. 

Pero en otras escenas, estos cortes y uniones entre tomas sin mezclar distintos tipos de planos terminan siendo exagerados y despistan al espectador. Y volvemos al caso de la conversación entre Matt y Casey. Los cortes entre tomas con el mismo punto de vista hacen perder el hilo de la conversación. Entre frase y frase ambos actores cambian por arte de magia de posición. Fallos de raccord intencionados por si se nos olvidaba que la película la rodaban un grupo de amigos.

En conclusión, una película entretenida y confusa con muchas novedades pero también muchos "peros" que me fuerzan a calificarla con un 6. Creo que la película no ha explotado todo el potencial que parecía tener el guión. O quizás, soy yo el que no haya entendido esta película.

Y por último, el enlace a su entrada en IMDB Chronicle (IMDB)

30 de diciembre de 2011

Los cuentos no son historias de críos

Es cierto aquello de que la mayor parte del tiempo la gastamos imaginando qué vas a ser en un futuro, discurriendo cual será nuestra vida perfecta y cómo podemos llegar a ese punto, pese a ser consciente de que nada va a ocurrir tal y como lo planeas y menos a tan largo plazo.

Al llegar cierta edad, el futuro que te imaginabas dista mucho de lo que estás viviendo realmente, pero aún así, vives un momento que no cambiarías por nada. La mezcla entre suerte (buena y mala) e improvisación, te ha llevado a experimentar cosas que jamás habías esperado y dan como resultado el presente que respiras.

Sin embargo, algo te dice que no has hecho todo lo que te hubiese gustado hacer hasta el momento. Te arrepientes de no haber dado pasos que hubiesen enriquecido tu vida y descaradamente echas las culpas a las circunstancias de aquel momento.

Es por ello, que cuando tienes hijos, te empeñas en que a ellos no les pase lo mismo que a ti, que las decisiones que puedan y deseen tomar solamente dependan de ellos y no de su entorno. Pero son personas, como tú y como yo, y ellos son los protagonistas principales de sus vidas. Jamás deseaste que nadie manejase la tuya y, egoísta de ti, se te ha pasado por la cabeza dirigir las suyas.

Entonces es cuando aprendes que ellos hacen lo mismo que tú hiciste a su edad, y que no hay nada más bonito que ver como aquel muñeco que balanceabas en tus brazos intentando dormir hace años, es una persona que lucha por conseguir sus objetivos y se plantea nuevas metas.

Unas veces por envidia y otras por orgullo, terminas uniéndote a su ritmo, en la medida de lo posible, y te apuntas a terminar proyectos que dejaste a medias. Incluso, juntos, lográis superar malos momentos, como fue en mi caso la pérdida de la mujer de mi vida.

A mis 67 años reconocerás que tus hijos te han dado una buena lección y, desde la experiencia, te convencerás de que la vida no es más que una hilera de buenas sorpresas puesto que las malas no cupieron en el album de tus recuerdos. Y no precisamente porque te esforzaste en quemar aquellas fotos, sino porque lo que vino después hizo que esas fotos careciesen de importancia o simplemente se les fue yendo el color.

Cada día que pasa, y ya acumulo bastantes, me doy cuenta de que aún me quedan muchas páginas por escribir y que en un diario no puedes pasar una hoja en blanco.

Quién me iba a decir a mí que iba a ser hoy, peinando barbas de canas, cuando escribiese por primera vez sobre mis regalos de navidad, y en concreto, sobre el mejor regalo de navidad que me han hecho nunca. Y encima que éste iba a ser un regalo literario; Con lo que nos gusta que nos regalen libros, ¿verdad?

Como cada año, en época de navidad, desde nochebuena hasta reyes, reúno a mi familia en mi casa. Mi hijo, su mujer, mi nieta Sofía, el pequeño Raúl y mi braco. Montamos el belén y el árbol, decoramos la casa, nos contamos historias, nos gastamos bromas y disfrutamos uno por uno todas las tradiciones habidas y por haber.

Los niños se acuestan los primeros, mi hijo y mi nuera les siguen tímidamente y yo, el gran reserva de la casa, me quedo un rato en mi sillón, junto con Severus mirando a la chimenea.



Los pequeños pasos de Sofía avanzan por el pasillo hasta llegar a la puerta de mi salón y, avisado por Severus, me sorprendo y sonrío:
- Sofía, ¿no estabas acostada ya?
- Sí abuelo, pero no consigo dormir - miente mientras se quita las legañas - quizás si me cuentas un cuento...
- Ya, como todos los años, ¿verdad? Ven, sube y tapate un poco.

Y comencé:
- Ahora que me has dicho abuelo, me ha venido a la cabeza el cuento de la niña que vestía una capa de color rojo; la capa que más destacaba en aquel pueblo de la sierra y cuyo color chillón pronto acuñó el mote por el que se conocía a la pequeña...
- Caperucita Roja - interrumpió.
- Exacto.
- Abuelo, siempre me cuentas los mismos cuentos, déjame que por esta vez lo vaya contando yo.
- Adelante - respondí sorprendido.
- Caperucita roja. Una pequeña chica de mi edad, con una melena rubia perfectamente ordenada en dos trenzas que colgaban a cada lado de su cuello y con una pequeña afición a distraerse e interesarse por todo lo que cambiaba a su alrededor. Como aquel día que, avanzando por el camino del bosque, encontró un rastro de caramelos por el suelo.
- Pero ese cuento no es...
- Calla abuelo - me ordenó -. Una fila de caramelos de colores que se salían del camino, seguían entre las plantas, atravesaban la maleza hasta dar con una casa un tanto peculiar. Era una casa de ladrillos de chocolate y deliciosas tejas de azúcar. Caperucita no puedo evitar entrar para saber qué se escondía dentro, pero nada mas abrir la puerta, una jaula cayó sobre ella y se oyó una risa maligna resonar por toda la casa.
"Perfecto"- decía la bruja - "Tengo el ingrediente que me faltaba para poder hacer mi bizcocho de niño".
- Muy buena forma de pasar a Hansel y Grettel, jovencita.
- La bruja preparó todos los ingredientes, sin olvidar a caperucita, y los dispuso encima de la mesa. Pero en el momento en el que iba a encender el fuego, las paredes de caramelo comenzaron a temblar por la fuerza de un terrible viento que se había levantado de la nada. "Soplaré y soplaré", se oía desde fuera, "y de un soplido esta casa derribaré". Y acto seguido la casa se derrumbó sobre la bruja y sobre caperucita, que no sufrió ningún daño gracias a la jaula.

En este momento, mi pequeña nieta ya había logrado hacerme callar. Era yo el que escuchaba atentamente la historia, pese a saberlas todas.

- Caperucita tragó saliva - continuó -. No sabía qué era mejor, si terminar en el estómago de una bruja o de un lobo. 

El lobo sacó a la niña de su jaula agarrándola por la capucha y cuando tenía la boca abierta para comerse a caperucita de un bocado, sonó un golpe metálico que derrumbó en un instante al lobo cayendo caperucita al suelo de una forma bastante patosa.



"Levántese, levántese" - dijo una voz enfadada - "He visto chicas más hábiles, ¿de dónde viene usted?". "Vengo de la aldea, señor, me desvié del camino y acabé..."; "Ya veo donde ha acabado, jovencita, pero el problema que tenemos es el siguiente. Usted es una persona y nosotros somos enanos, y no podemos ser vistos por personas"; "Pues yo les he visto, señor, ¿cómo podría solucionarlo?";"Tendré que matarla";"¿No hay otra forma? ¿No podría olvidarlo?"; "Por supuesto que no, los humanos no son de fiar, pero creo que tengo la solución. Si usted viene a nuestra casa y me ayuda a poner algo de orden, podrá quedarse a vivir allí".

Viendo Caperucita que no le quedaba ninguna otra opción, se unió al grupo de seis enanitos.

- ¿Seis? - interrumpí indignado.
- ¡Ah no! ¡fíjate! si debajo de esta gran túnica está el séptimo. ¡Y mira que mono es! - corrigió Sofía con una sonrisa - "¿cómo te llamas?" preguntó Caperucita. "Mudito" le respondieron.

Tan pronto como llegaron a casa, todos, incluida caperucita, se fueron a dormir pues el día había sido intenso. Al día siguiente, Caperucita despertó al canto del gallo y se quedó sorprendida puesto que los siete enanitos ya no estaban en casa, se habían ido a trabajar.

"Qué descuidados"- pensó - "¡está todo por los suelos!". Tan pronto pensó el tiempo que tenía por delante hasta que volviesen los enanitos, se dispuso a recoger un poco la casa y encontró una lámpara de aceite. La frotó un poco, como en aquel cuento de las mil y una noches y esperó sin suerte a que saliese un genio.

"Ilusa" -sonrió de medio lado y dejó la lámpara en la estantería. "¿¿Ilusa?? un respeto, me llamo genio, caperucita". 

Rápidamente caperucita se giró y se sorprendió al ver a un señor vestido de árabe saliendo entre vapores de aquella minúscula lámpara. "¿De los que conceden deseos?". "Deseo, pequeña, uno solo, que estamos en crisis".



No pude evitar la risa tras lo que acababa de decir Sofía.

"Uno... pues... no se... me gustaría volver a la aldea, pero creo que les debo estar viva a los enanitos y no puedo irme de casa sin despedirme de ellos". "Entiendo" - exclamó el genio - "Si lo prefieres, puedes seguir mi sugerencia y escoger el deseo sorpresa". "¿Cómo funciona eso?". "Muy sencillo, te concedo un deseo que no sabes lo que es y que se cumplirá en un futuro". "¿cómo sé que se ha cumplido?, y ¿si no me gusta?". "¡Has dicho sí! ¡has dicho sí! apuntemos, una de sorpresa para caperucita. Nos veremos de nuevo, pequeña, adiós". Y con la misma velocidad, el genio volvió a entrar en la lámpara, sin dejar reaccionar a caperucita.

Años después, la noche después al cumpleaños de caperucita en el que cumplía la mayoría de edad, volvió a aparecer el genio de la lámpara. "Te diré el plan de la noche, caperucita. Vamos a vestirte de gala, iremos a palacio al baile que organiza el príncipe que le toque en este momento, ya he perdido la cuenta. Con la condición de que a las 12 esté usted de vuelta en casita lista para dormir como de costumbre." - dijo atropelladamente el genio - "¿Estamos? pues vamos, que no hay tiempo que perder".

Caperucita se guió por el genio y llegaron a palacio. Tras una generosa cena, comenzó el baile del príncipe con las invitadas. Allí estaban todas las jóvenes que aspiraban a conquistar al príncipe vestidas con sus mejores telas. Pero caperucita destacaba entre todas ellas, pues iba mágicamente vestida y todo el mundo sabe que la magia, supera a la realidad.

En el momento en el príncipe bailaba con caperucita y mientras sus miradas no se separaban ni un instante comenzaron a tocar las 12 campanadas y caperucita, sorprendida, huyó corriendo de palacio para poder cumplir con la condición que el genio le había impuesto.

En su huída, caperucita tropezó con unas raíces que asomaban en el suelo, con tan mala fortuna que se pinchó con unos espinos que le provocaron el sueño al instante.

A la mañana siguiente y de camino al trabajo los enanitos encontraron a caperucita en el bosque. Intentaron despertarla, pero caperucita había caído presa de un encantamiento del que no conocían la solución y creyéndola muerta, la introdujeron en una urna de cristal en un pequeño altar que construyeron al lado de la casa.

El príncipe no podía quitarse a caperucita de la cabeza y comenzó a buscarla por todos los rincones de cada una de las aldeas de su reino, sin llegar a encontrarla. 

De camino de vuelta a palacio, encontró una columna de humo que bien podía ser de una chimenea entre los árboles del bosque, recobró las esperanzas en un abrir y cerrar de ojos, hundió las espuelas de sus botas y corrió hacia la casa de los enanitos, encontrando la urna de cenicienta en el jardín.

Con lágrimas en los ojos, el príncipe abrió la urna y abrazó fuertemente a cenicienta, que se mantenía sin gesto ninguno. Retiró el cabello de sus mejillas y la besó. 

Fue en ese preciso instante y en el que cenicienta despertó con asombro y al mirar sus manos descubrió que una rana saltaba sobre ellas.

- ¿Cómo? ¿una rana? pero... ¿el príncipe se convirtió en rana? ¿Ese cuento no era así, no?
- Ese cuento, abuelo, es otra historia que te contaré otro día.
- ¿Y así me dejas? - respondí con una mezcla de asombro y enfado con tinte infantil.
- Buenas noches - me contestó Sofía con un beso. Y marchó a su habitación tan sigilosamente como había venido.


5 de junio de 2011

Vacaciones desfasadas


No miento si digo que trabajo durante 8 horas diarias entre semana delante de una pantalla de ordenador.

Pese a la limitada imaginación o excesiva incredulidad de algunos, a los que no debo explicaciones, yo también me quemo y necesito momentos en los que olvidarme de todo, pensar y sobre todo, dar rienda suelta a mis aficiones, que son muchísimas. Esto es algo de lo que me considero orgulloso.

Es por esto que decidí, porque sí, coger el coche un jueves santo e irme de vacaciones, pero no unas vacaciones típicas de semana santa, sino unas vacaciones desfasadas.  Y mi destino, que es el que tengo más a mano para desconectar, es un pueblecito de Galicia llamado Sanxenxo. Y allí me dirigí con mi coche. El plan era simple: Improvisar.

Solicité con un mes de antelación mis vacaciones en el trabajo:
- ¿Podría coger 5 días de vacaciones?
- ¿Cuándo?
- Pues en semana santa. Del 21 de abril al 2 de mayo
- ¿Qué días en concreto? Son unas fechas que pide mucha gente.
- La semana siguiente a semana santa.
- ¿Los cinco días?
- Sí.
- Ok, no hay problema. ¿Ya hiciste planes?
- No, todo sobre la marcha.

Se fueron acercando mis doce días de vacaciones, de los que sólo sabía mi destino y conocí los planes de mis padres para semana santa. Coincidiríamos en Sanxenxo los primeros días, que siempre es una buena noticia encontrarte con alguien al llegar y no tener que pasar directamente por el supermercado. Concidiríamos exáctamente una noche.

Por otro lado, ya en carretera, me crucé con mi prima, cada uno en su coche. ¡Ninguno sabíamos que el otro iba a ir esos días por Sanxenxo! Un mensaje rápido tras una parada para confirmar que era ella y mis planes se empezaban a formar. Me iba a encontrar a mis dos primas, sus tres primos y demás familia, y estarían allí desde el jueves hasta el lunes por la mañana. ¡Perfecto!

Nada más llegar, sobre las 6 de la tarde, subí mis maletas, saludé a mis padres y me bajé con el porta tablas al coche, para probar cómo se colocaba. Y de ahí, a ver el estado de las playas.



Un paseo hasta A lanzada, plagada de surferos, una visita rápida a Foxos, preciosa como siempre, a Montalvo, donde estaba mi profesor con sus dos golden retriever, Bali y Malúa, un paseito descalzo por Canelas, la playa donde intenté surfear algo del temporal en noviembre y donde me golpeé la cara con la tabla, y ya de vuelta a casa.

La sensación de llegar a casa después de comprobar las playas sin haberte metido en ellas tiene doble filo. Por un lado era la primera vez que las pisaba desde noviembre. Había planeado ir en diciembre, pero era imposible coordinar las fechas en mitad de todos los compromisos de navidad. Pero por el otro las predicciones mostraban unas buenas condiciones para el viernes, y me iba a desahogar agusto durante mis vacaciones.

Al día siguiente tormenta, que se fue calmando por la tarde. Así que avisé a mis padres, cargué la tabla en el coche y en el último momento se apuntaron venir a Foxos. Saqué la tabla, estiré y al mar con ella, mientras mis padres se quedaban al refugio de la lluvia en el coche. Me vino de perlas puesto que no me tuve que preocupar de las llaves del coche.

Volvía a vivir una de las situaciones que más me gustan. Sin móviles, sin ruidos, aislado en el mar de lo que ocurre en tierra y charlando con el otro surfista con el que compartía playa esa tarde. No soy el único raro de Madrid que conduce solo a Galicia a pasar unos días entre las olas.

De vuelta a casa, una ducha, un té, y a salir de fiesta por la noche, que los viernes prometen. Y prometió como también prometió la noche del sábado, en la que nos prometimos pasar el día del domingo tumbados en Silgar:

-Mañana, sin excepción, todos a Silgar a las 11:30. Comemos allí.
- Hecho! Tonto el último.

El domingo me dirigí a la playa a la 1 del mediodía, como hicieron todos, salvo uno que cumplió la palabra de llegar a las 11:30. El agua llamaba a los baños, y pasamos el día entre la toalla y el mar, empanadas, botellas de agua y alguna que otra resaca, que se iba diluyendo conforme pasaban las horas.

Unas cervezas de tranquis el domingo de despedida y a casa de nuevo. "Mañana es lunes", me dije, "Mañana terminan la semana santa para todo el mundo. Mañana empieza mi semana santa."


 

Y así empezó, ese mismo lunes, con un sol apasionante y una playa vacía. El único pero, las olas, nada para surfear, pero disfruté de la tarde nadando y leyendo en Foxos. Previamente bajé a tomar un tercio de estrella galicia a una terraza y, al ver a una chica con un portatil, me enteré de que había wifi. Cayeron algunos tweets y una visita a mi facebook para acordar el plan express del martes.

El martes por la mañana cogí el coche dirección Sada, para visitar a una amiga. Un par de horas más tarde después de salir, llegaba a Sada y me dirigí hacia su casa, perdiéndome incluso con GPS (Galicia es la Hitchcock española, experta en mantener el suspense) e intentando localizar donde estaban "Las casas azules de Meirás".

Visitamos sitios con los que me quedé alucinado, Sta Cristina de Oleiros y sobre todo Sta Cruz de Oleiros y terminamos viendo un poquito de Coruña antes de dejarla en su trabajo.

De vuelta hacia Pontevedrasurf que llevo en un foro, comentándome que se acercaría esa misma tarde a la lanzada a hacer skim (también llamado surf rompe tobillos, como muy bien experimentó hace poco). Plan al que decidí unirme nada más llegar, y en un primer intento de subirme a esa mini tablita, que nunca antes había probado, me marqué un vuelo sin motor realizando un giro de tonel a bastante velocidad sobre el que perdí el control nada más empezar a correr y que derivó en un choque de mi cadera contra la arena de forma bastante violenta. Esto me hizo pensar en ir con más calma las siguientes veces que lo cogí.

Como un pestañeo se levantó el miércoles. Mi sexto día de desconexión en Galicia. Si bien estaba por la mitad, parecía como si llevase un mes. Ni se me pasaba por la cabeza el trabajo, había estado disfrutando tanto lo que había hecho, que hasta sentía que me faltaba tiempo para hacer más cosas. Escribir por ejemplo.

El miércoles se levantó con un tiempo estupendo, como empezaba a ser habitual. No corría nada de aire, así que me preparaba para lo "peor", nada de olas. Por si acaso subí la tabla al coche, pero ni siquiera me preocupé de meter el neopreno. "Si hay algo es poco y el agua tampoco está mal de temperatura, así que para un rato corto da igual ir sin neopreno". Y acerté. Otra vez el mar plano, la tabla ni siquiera la bajé del coche. Pero esta vez me quedé hasta que se puso el sol.



La misma sensación de mar que tenía el miércoles se pasó al jueves. Y empezaba a cansarme tantos días sin poder subirme a la tabla. Esta vez bajé a la terraza de nuevo, pero con el portátil. Pedí mi estrella galicia y miré las predicciones de olas buscando alternativas. La cosa seguía sin pintar bien por la zona, no había buenas corrientes ni nada de viento a favor, pero al parecer el viernes sí que iba a haber algo más. Por si acaso, metí mis cosas en el coche, subí la tabla y me fui hacia La Lanzada.

En La Lanzada entraban muy flojas pero algo había. "Con estas condiciones entrará algo mejor en Foxos", me dije, y volví otro día más a mi playa favorita. Nada más llegar, una furgoneta que me resulta familiar y en la playa dos golden retriever que, al verme con la tabla bajo el brazo, me vienen a saludar. Eran Bali y Malua de nuevo, y en el mar, con un longboard, un tipo caminando hasta la punta de la tabla y vuelta para atrás. Esa misma tarde mi profesor, Pipo, también había escogido esta playa.

Aprovecho para hacer un poco de publicidad de la escuela donde me enseñaron los puntos básicos del surf:

Entré al agua con mi 7'2" y remé hasta ponerme cerca de la rompiente. Las olas eran bajitas y con poca velocidad, pero se podían coger, y el agua estaba mucho más caliente de lo habitual en esas playas. Allí eché la tarde, Pipo recogió al rato y yo me quedé en las olas con una chica del Grove que se metió animada al vernos en el agua.

En cuanto bajó la marea del todo dejé la tabla, pero tan estupenda temperatura merecía terminar el día allí, por lo que me quedé en la toalla y nadando.

A última hora apareció otra furgoneta, conducida por María, otra chica que vivía en Madrid y que aprovechaba pequeños puentes y vacaciones para practicar surf en Galicia. En solitario por supuesto. "Ya somos tres locos!!" pensé.


Como dije, el viernes pintaba bien y así fue. Bajé a la terraza de nuevo para preparar el plan del sábado y confirmar el estado de las playas. Volví a mi casa, comí y eché una pequeña siesta hasta las 5. El cielo estaba un pelín nublado, ya que, como viene siendo habitual, los fines de semana siempre se fastidian. Esta vez si que necesitaría el nepreno.

La Lanzada tenía unas olas perfectas, salvo el viento que era algo fuerte y dificultaba la remada pero, como siempre, la lanzada estaba llena de escuelas. 

Yo también soy muy novato. Casi no me levanto de la tabla. Pero no soporto tanta masificación, no me gusta arriesgarme a caer y la tabla siga una trayectoria que no puedo controlar pudiendo dar a alguien que tenga cerca. Y todos los novatos tenemos ese problema, necesitamos un espacio de seguridad. Un espacio para la seguridad de los demás, quiero decir, y más si mi tabla es de fibra, bastante dura.

Me decidí de nuevo por Foxos. Entraban bien y solamente eramos 2 personas, a la que se añadió una tercera después. Eché la tarde de nuevo, esta vez algo más solitario ya que al ser tan pocos cada uno estábamos en una zona. Terminé agotado de la remada pero con una buena sonrisa en la cara. Mis vacaciones se estaban arreglando, empezaron con el mar en calma y estaban terminando con días de surf. Ya no tenía la sensación que tenía el miercoles cuando veía que gastaba días de vacaciones y no los podía aprovechar en lo que realmente quería.

El sábado al mediodía volví a coger el coche, pero esta vez dirección Sada, de nuevo. Quería ver a toda la gente de allí. Algunos hacía años que no veía. Nos pasamos la tarde tomando cañas y después cenamos en casa de otro amigo de Madrid que subió ese fin de semana por un motivo familiar. Es una situación que disfruto muchísmo. Volver a encontrate con amigos despues de una larga temporada sin vernos y ponernos al día entre unas cervezas, continuando conversaciones como si ayer fuese el último día que os hubieseis visto.

Hice noche en Sada y por la mañana recogí las cosas para llegar a comer a Sanxenxo. 

Domingo, quién lo iba a decir, mi último día en Galicia antes de volver a Madrid. No había escrito nada, ni me había pasado por el ordenador ninguna foto, ni tantas otras cosas que me había planteado. No había tenido tiempo. Mis padres tuvieron una conversación con mi tío al principio de semana santa y mi tío pensó que 12 días en Sanxenxo solo iban a ser un aburrimiento. No lo fueron, en absoluto.

El tiempo en Sanxenxo por la tarde era nublado. El anticiclón que venía conmigo desde casi el principio de las vacaciones me daba la mano y se marchaba a la par que yo.

Sin mirar las predicciones volví a subir la tabla al coche, el neopreno que se hacía indispensable y puse rumbo a Foxos. 

Esta vez las olas venían con fuerza, remé con  ganas y me situé detrás de la rompiente. Charlé un poco con dos surfistas de la zona (uno de ellos, Mateo, francés, que trabajaba cerca de allí). Y conseguí ponerme de pie en 2 o 3 olas unos segundos. Un premio para mí.

Había llegado a esa playa a las 6 de la tarde. Eran las 9 y media de la noche cuando decidí salir del agua. Recogí todo, me quedé un rato mirando la playa y me volví hacia casa dejando atrás a algunos surfistas rezagados en la Lanzada.



Volveré. Volveré muchas veces, pero la última vez que vuelva será para quedarme.