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20 de enero de 2014

Soy un trabajador de la vieja escuela, caballero

Tal y como dije en mi última sesión de terapia: "Soy un trabajador de la vieja escuela, caballero".
Quizás me dejé llevar por la comodidad de aquél elegante sofá rojizo, con su correspondiente cojín a juego en uno de los extremos sobre el que, contra toda norma de educación y protocolo, me permití apoyar la cabeza.

 - Buenos días, ¿qué tal esta semana? - Saludó mi psicólogo.
- Desde hace aproximadamente un minuto ha experimentado una cuantiosa mejoría, aunque tengo alguna pregunta que hacerle desde la última sesión, ¿puedo?
- Por favor, adelante.
- Este sofá... dígame, este sofá, ¿donde lo adquirió?, ¿es de pluma? es excepcionalmente cómodo.
- Desconozco su origen en concreto, encargué la elección de un sofá cómodo dentro de un presupuesto limitado, claro está, que facilitase la relajación de mis pacientes, indispensable para un buen diagnóstico y seguimiento. ¿Ha notado algún cambio con lo que respecta a su comportamiento en esta última semana?
- Mírelo, aquí lo indica, IKEA. Un buen sofá siempre lleva una etiqueta en reconocimiento de su fabricante. I.K.E.A., posiblemente iniciales de algún nombre, vaya usted a saber, pero lo cierto es que no existen muchos apellidos que comiencen por K en este país, ¿verdad? Más bien apostaría por algo centro europeo, Alemania, tal vez Austria...
- Suecia
- Lamento decirle que Suecia actualmente no se encuentra en el centro de Europa, sino en el norte del continente y jamás se movió de allí.
- No, quiero decir que IKEA es una empresa sueca, bastante reconocida.
- Entiendo. Reconocida ha de ser; tal perfección sólo se logra con una amplia experiencia en el manejo de la madera, la pluma y la tela. Un buen diseño y un montaje no nacen de un día para otro. Esta calidad se paga.
- No lo discuto, aunque difiero en su opinión acerca de la construcción de dicho mueble.
- Créame, sé reconocer un asiento de calidad y este es uno de ellos.
- Dicho esto, hablemos de su última semana, las novedades desde la última sesión.
- ¡Se lo compro! ¿Cuánto pide por él?
- ¿Cómo?
- Le preparo una oferta, dígame un precio inicial.
- Oh, por favor, no se preocupe, estos muebles se fabrican en serie, hay cientos de sofás iguales a este. Le puedo facilitar la dirección del almacén IKEA más cercano a su casa.
- Entre usted y yo, pese al exceso de publicidad con la que se taladra al ciudadano a diario, sigue habiendo gente que no se deja engañar. No se hacen dos sofás iguales, de la misma forma que no se hacen dos Stradivarius idénticos. Usted ya tiene una edad, similar a la mía observando sus canas, y podría afirmar pertenece al mismo grupo de gente que yo.
- ¿A qué se refiere concretamente?
- Soy un trabajador de la vieja escuela, caballero, al igual que usted. Nos importa un trabajo bien hecho, nos fijamos en los detalles y nos volcamos en obtener un resultado excelente y único. ¿No es usted de éstos?
- Sí, claro.
- Entonces dígame, ¿por cuánto estima usted que podría vender este sofá?

Allí se quedó el sofá, en mitad de la consulta. Se me heló la sangre cuando estimó su precio original en unos pocos cientos de euros e hice muestra de mi carácter reaccionando ante lo que consideré, descaradamente, una falta de respeto hacia un fabricante con reputación y fama internacional. Como entenderéis, no he vuelto a pisar la consulta de este señor; si subestima de esta manera a personas de fama mundial es evidente que hace lo mismo con sus pacientes.

Llevo ya unas semanas ejercitándome mentalmente por mi cuenta para combatir aquel estancamiento del recién jubilado que me obligó a consultar a numerosos especialistas (y rechazarlos a todos). Para ello leo diariamente los tres periódicos principales de las distintas tendencias políticas, resuelvo metódicamente los pasatiempos que se publican en los mismos: a las once de la mañana, durante el café, las sopas de letras. Tras la comida, las palabras cruzadas. Y por último, durante mi merienda, los sudokus.

Además de la práctica de lectura diaria y los pasatiempos, completo mi tiempo con diversas series, normalmente de suspense, que elegía por el método de elección tan famoso por antiguo como por aleatorio: ensayo y error.

En este aspecto, he de reconocer que no siempre acierto con lo que escojo, como fue el caso de la serie Superagente 86. La carátula del pack de vídeos mostraba a un señor vestido de traje sosteniendo una pistola con una expresión a medio camino entre la seriedad y la sorpresa, que bien podría pertenecer a un fotograma de las famosas historias de Ian Fleming. Nada mas lejos de la realidad. Hombre de métodos, aquello que empiezo lo acabo, por lo que tuve que enfrentarme a una sucesión de 135 episodios, 5 temporadas de pura comedia sin apenas pinceladas de mi ansiado suspense.

Decepcionado pero sonriente a partir de entonces busqué productos que se adaptasen a mis gustos basados en grandes plumas como Sir Arthur Conan Doyle. Fue cuando encontré la adaptación Sherlock de la BBC.


Más que satisfecho con la misma, mis sentidos se agudizaron siguiendo los mismos patrones que sigue Benedic Cumberbatch*. Me daba cuenta poco a poco que cada vez que leía el periódico, mi visión practicaba una especie de zoom hacia la gramática utilizada que me daba información sobre la actitud del redactor, su estado de ánimo e incluso su país de origen.

Como todas las tardes, me senté en la cafetería de mi barrio a tomar un Earl Grey con leche. "A 90 grados, como siempre" - le recordé al camarero, que asintió con una ligera sonrisa lateral.Y desplegué mi periódico para completar el sudoku.

Algo en los tres últimos días estaba fallando, esos sudokus no eran correctos. Por algún motivo que se me escapaba siempre había alguna línea en la que se repetía un número. Empecé a pensar que esto era una señal. "Quien diseña estos pasatiempos está intentando llamar la atención, pero, ¿por qué?". Y lo que es más raro aún, no reconoce los errores en la fe de erratas, es una señal que pasa casi desapercibida.

- Eso es un cinco, no un dos. - Me informó el camarero mientras me servía el té.
- ¿Perdón?
- El número de esa casilla, es un cinco, no un dos. Se ha equivocado.
- Oh, vaya, a ver...
- Ya hay un cinco en ese cuadrado, por lo tanto solo le queda una opción.
- Tienes razón.
- Lo siento, le he fastidiado el entretenimiento.
- No no, en absoluto, no te preocupes. - respondí con ironía.

El café seguía a 90 grados y se me había agotado la fuente de diversión, por lo que miré alrededor. Cuatro mesas más ocupadas y una pareja que recogía para marcharse. "No van a tener una buena tarde"- pensé. "Está claro, unas caras bastante serias, y además no han dejado apenas propina. Unas monedas de cobre a juzgar por el sonido contra el mármol de la mesa.

Al lado un joven, de alrededor de los 30 años, escribiendo notas en un cuadernillo de estos.. ¿como se llaman? Moleskite o molesnike o algo así. Rubio y de piel clara, algo poco común en Madrid. Será extranjero, quizás sueco, como el sofá aunque todavía no lo puedo confirmar. ¿Y para qué confirmarlo? no es tan interesante de donde es, se reconoce bastante fácilmente que, con la rapidez con la que se mueve el bolígrafo, está escribiendo en su lengua materna, sobre, por ejemplo, Madrid.


Rápidamente noté una escena de amor en la mesa opuesta al joven. Estaban sentados uno al lado del otro, lo que significa que la relación está consolidada. Las parejas que se empiezan a conocer no se sientan tan cerca, se suelen sentar uno frente al otro para estudiarse y cuando crece la complicidad, instintivamente, se acercan para compartir. Son pequeñas pistas que apenas se perciben.

Ella es mucho más joven, un hecho cada vez más típico. Viendo la ropa que lleva él, bien vestido con camisa y pantalones con pinzas, intenta dar una imagen más joven, quizás para intentar disminuir la diferencia de edad con su pareja, pero créeme, querido amigo, las apariencias no lo son todo. Esas minúsculas gafas de vista cansada que reposan al lado de la carta juegan en tu contra.

Por otro lado he de reconocer que la chica es bastante guapa. ¿Enamorada? No, imposible. Sigue siendo una chica joven, de veintipocos años, sabe que no es la edad para comprometerse con una relación estable. Vestido atrevido, sabe como venderse y esta vez ha conseguido cazar a un buen hombre, con dinero como demuestra ese brillante reloj de su muñeca.

Inquientante, verdaderamente inquietante. ¡Vaya! ¡el señor sale a fumar! Aprovechemos."

- Buenas tardes
- Buenas tardes
- Perdone, ¿tiene un cigarro? acabo de pagar la cuenta y la máquina no acepta tarjeta y...
- Oh sí sí, tenga.
- Muchas gracias, ¿fuego? me lo he dejado todo en casa.
- Aquí tiene...

Como no fumador me costó mucho más de lo habitual encender el cigarro, provocándome una pequeña reacción de toses consecutivas.

- ¿Está bien? - Si, no se preocupe - respondí a duras penas.
- No fuma usted a menudo, ¿verdad?
- A diario. - Respondí tajante para no levantar sospechas - Desde que murió mi esposa practico a diario, aunque no acostumbro a fumar tabaco... tabaco... ¿de que tipo es este tabaco?
- Rubio
- Rubio, ya decía yo, cuánta diferencia con el que fumo.
- El negro es mucho más fuerte.
- Una vez que el cuerpo se acostumbra no quiere otra cosa. Ya no somos jóvenes.
- Juventud, quién la tuviese.
- ¿Ha estado usted casado? - Pregunté descaradamente.
- ¿Perdón? Sí, sí, hace ya tanto que me casé que podría decir que ni me acuerdo - contestó sorprendido mostrando el anillo.
- Ese día, para bien o para mal nunca se olvida. Vuelvo dentro - dije aplastando contra el suelo aquel cilindro de papel llamado excusa.

Volví a sentarme en mi silla para confimar las sospechas que me tenían en vilo. La muchacha le recibió con una sonrisa dejando el móvil a un lado, se sucedían los guiños y las muestras de cariño. El roce de las manos intentando ser casual, palabras que coloreaban mejillas no permitían que hubiese lugar a duda.


Molesto por este despropósito escalado y con un enfado potenciado ligeramente por la baja temperatura de mi infusión me levanté con decisión del asiento y me acerqué a la mesa de los dos tortolitos.

- Caballero, señorita, entiendo que soy causante de un profundo malestar acercándome de esta manera a su mesa. No obstante, mi aparición la considero justificada por el grave error y falta de ética que se está llevando a cabo desde hace 45 minutos en este lugar. Siendo ustedes los protagonistas del bochornoso espectáculo de pareja con su actitud no solo se están desprestigiando ustedes mismos, si es que les queda algo de buena reputación, sino que están mostrando una imagen incorrecta a aquel joven extranjero sentado enfrente de ustedes y que toma notas en su agenda sobre su viaje a Madrid.
- Oiga, de extranjero nada que me he criado en Móstoles. - Me corrigió desde el fondo.
- ¿Pero de qué está hablando? - preguntó la víctima - ¿Se ha vuelto usted loco?
- Respuesta alterada - observé sonriendo - Tan típica de las personas que se sienten culpables... ¡Señores! aquí tienen ustedes un nuevo caso de algo cada vez más común en nuestra sociedad. Fíjense bien, él, ya con cierta edad, una vida estable y pudiente, cansado de su esposa busca alternativas más jóvenes y divertidas. Por otro lado ella, cansada de los chicos de su edad a los que aparta por ser "todavía unos críos", busca una persona que pueda costear sus caprichos, evitando la necesidad de esforzarse para conseguir objetivos a corto plazo, sintiéndose como una mujer al estar rodeada de gente que supera ampliamente su edad pero sin abandonar su niñez al sentirse protegida por alguien que podría ser, sin lugar a dudas...
- Su padre. - Me interrumpió ofendido.
- ¡Exacto!
- Usted no sabe quien soy yo, detective de pacotilla.
- Se equivoca, acaba de ser usted retratado. No solo sé perfectamente quien es usted, sino que ahora mismo todo el establecimiento lo sabe.
- Ha intentado escalar el Everest con chanclas. Soy el dueño del establecimiento donde usted está montando esta farsa, y esta señorita llena la mayor parte de mi corazón, su única deducción correcta, puesto que es mi hija. Por favor, abandone mi local.

Cerrada la investigación abandoné la cafetería. Me había dejado un cabo sin explorar, pero a mi favor diré que padre e hija no compartían ningún rasgo por lo que, gracias a dios, la niña había heredado todo de la madre.

"De la madre o del padre... " - se me iluminó la cabeza - "porque estoy seguro de que él no es el padre."

Lo investigaré.

*Benedic Cumberbatch da vida a Sherlock Holmes en la serie Sherlock emitida por la BBC.
*Las imágenes han sido extraidas de Pinterest.

28 de febrero de 2013

Por Santiago matamoros y cierra España

Contaban las crónicas de hace centenares de años que allá por el año 844, exactamente el día 23 de mayo, posiblemente un martes, tuvo lugar la batalla de Clavijo entre cristianos y musulmanes por la defensa o conquista, dependiendo del bando escogido, del territorio riojano. 

Dirigía las tropas cristianas el rey Ramiro I de Asturias, quien se negó a seguir pagando tributos a los emires árabes, con especial hincapié en el tributo de las cien doncellas. Recordemos por un momento aquella frase que rezaba, no sin cierta razón, que España es Asturias y lo demás, tierra conquistada, y con este concepto parcial de la futura España, puesto que el país estaba todavía sin formar, se derramó la sangre de ambos bandos en las cercanías del pueblo riojano de Clavijo, tierra de vid, olivo y cereal. 

En aquella época las batallas no solo adquirían importancia por el territorio ganado o perdido sino que era la forma común de demostrar el poder de un pueblo y las consecuencias herían los sentimientos fuertemente arraigados en la cultura contemporánea representados por palabras como honor, valentía, deshonra y humillación. 

Por defender estos sentimientos o evitarlos, los soldados se unían apoyándose entre ellos con verdades y mentiras y se solía incorporar a esta comunidad la bendición divina de rigor, de Dios o de Alá, que no dudaban en fortalecer las líneas de cada bando como quien convierte una ficha en una dama por llegar al final del tablero. 


No tan descarado como en las batallas griegas donde se medían las fuerzas héroes y deidades varias, quiso Dios por iniciativa personal colocar en esta batalla un caballo blanco más en las líneas cristianas, color de las fichas con las que jugaba en ese instante, detrás de la línea de los pobres peones con los que soñaba en ese momento y con los que lucharía Ramiro I al día siguiente. 

Aquel caballero designado fue ni más ni menos que el mismísimo Santiago Apóstol, también llamado Santiago el Menor, que le indicó al pobre Ramiro que le pidiese ayuda en el momento de la batalla que tendría lugar pocas horas después. 

Comenzada la batalla, aceros de distintas formas y filos cortaron las palabras, el aire e innumerables vasos sanguíneos y en mitad de la batalla se oyó la voz de la invocación al unísono en las tropas de la cruz similar a aquel "Liberad al Kraken" que tomaba la siguiente forma "Dios ayuda a Santiago". Y con estas palabras mágicas llegó el caballero, clavando espuelas y arremetiendo contra los enemigos cortando cabezas por doquier, con el actual sombrero de peregrino y su conocida vieira anudada al cuello, dando la batalla por vencida y arrasando a las tropas moras que constaban de cinco mil efectivos, titular arriba titular abajo. 

A partir de entonces Santiago tomó un nuevo título: Santiago Matamoros. Y más adelante otra frase histórica: "Por Santiago y cierra España". 

Haciendo honor a esta gesta y a la ayuda prestada, se formó la orden de caballeros de Santiago y se instó a las tropas a peregrinar en dirección a la tumba del apóstol descubierta en el año 813 en el lugar donde hoy se levanta la catedral más internacional del país. 

En aquellas filas trabajaba tenazmente el soldado Pelayo, un joven que sobrevivió a la gesta pese a los problemas encontrados. Todavía impresionado por los hechos, corrió hacia su casa para reunirse con su esposa y contarle de forma verbal, ya que eran pocos los agraciados que sabían escribir, el episodio que acababa de presenciar. 

INT. NOCHE. CASA DE PELAYO E ISABEL 

 Se oye un golpe de nudillos rápido en la puerta e Isabel se apresura a abrir 
ISABEL
 ¿Quién es? 

PELAYO 
Abre Isabel, ¡rápido! 

Isabel abre la puerta rápidamente y salta sobre Pelayo, que camina con dificultad por el peso de Isabel y sobretodo de su armadura. 

ISABEL 
¡Pelayo! Dios mío, ¡estás vivo! !la batalla fue muy sangrienta! 

 PELAYO
Claro pequeña, hace falta mucho más para acabar con la vida de tu amado. Ten cuidado con tus ropas, se están manchando. 

ISABEL 
Al diablo mi vestido, ¿cómo ha sido? ¡Eran muchísimos moros! 

PELAYO 
Toma asiento que te lo cuento. 

Isabel toma asiento rápidamente y Pelayo le explica la historia con alta gesticulación. 

PELAYO 
Pues allí nos acercamos, con su majestad a la colina. Enviamos a David, que en paz descanse, como portavoz hacia la mitad del prado y cuando llegó el enviado árabe, éste, sin mediar palabra alguna, desenvainó su acero cortándole de un solo golpe la cabeza. 

 Isabel agacha la cabeza como símbolo de pena. 

PELAYO 
Ya nos lo advirtió su majestad: "Antes de que los cabellos rubios toquen el suelo, señal de que la batalla tendrá lugar, gritaremos a la vez Dios ayuda a Santiago" y así lo hicimos, cargando instantes después contra las tropas que se acercaban a gran velocidad hacia nosotros y de repente, una sombra blanca pura, sujetándose el sombrero y con una concha al cuello, nos adelantó a todos sesgando pechos, brazos y piernas de tres en tres por cada uno de sus espadazos dejando un camino de cuerpos inertes tras de sí que nos guio hacia la gloria en escasas horas. 

ISABEL 
(incrédula) 
¿Es cierto esto? ¿Con ayuda del apóstol? 

PELAYO 
Por supuesto, querida, le tomé una instantánea en mitad de la batalla, mira: 

  

ISABEL 
Pero eso no parece una instantánea, Pelayo, es más parecido a una pintura. 

PELAYO 
Ya sabes, los filtros de Instagram.

28 de marzo de 2010

Chema se casa y necesitamos ayuda

Pues sí, señores, Chema se casa y necesitamos ayuda, pero antes os pongo en antecedentes.

Para quien no sepa quién es Chema, se trata de Jose María Manzanares Ruél. Un personaje de veintisiete años, de nuestro grupo de amigos desde párvulos hasta el final de bachillerato.

Chema había compartido grandes aventuras con lo que llamamos en su día el comando Quintano. A la cabeza se situaba Chema, seguido fielmente por Miguelito Daimiel y por debajo la plebe compuesta por Ricardo Almendralejo Suarez, Fabio Lizarazu Etxebanoberría, Manuel Gándara y su hermano Tinín y por último yo.


La razón por la que nos hacíamos llamar el comando Quintano para sembrar el pánico en los recreos era muy sencilla. Alfredo Quintano Mancebo era un chico torpe que se apuntaba a todas nuestras hazañas y lo sacrificábamos para librarnos de los castigos, lo que se llama hoy en día chivo expiatorio. ¿Quién lo firma? Lo firma Quintano. Pero Quintano como grupo, no como persona. Eso es algo que se nos olvidaba aclarar siempre y al pobrecito de Alfredo le caían todas.

Éramos duros. De nuestra formación podrían salir un pelotón de los mejores legionarios del país. Si había que superar obstáculos, se superaban como en el caso en el que pretendíamos bajar al gimnasio desde la clase por la ventana con una cuerda atada a los pupitres por no dar toda la vuelta por las escaleras. Evidentemente el primero que bajó y al único que pillaron fue a Quintano, que asumió valientemente toda la responsabilidad de nuestro acto.

Otro episodio fue el de la cadena y la moto de don Luís, en aquel momento profesor de historia y director del colegio. El 15 de Mayo iba a ser el cumpleaños de Chema y, como era el líder, decidimos regalarle una vuelta en una moto chula chula como la de don Luís. Así que nos pusimos en marcha, le quitamos las llaves de la moto a don Luis y nos aseguramos de que no nos la robaban poniéndole una cadena con candado. Al día siguiente mientras don Luís buscaba al responsable por las aulas, le dimos nuestro regalo a Chema que salió a dar una vuelta, se comió un bordillo dejando unas muescas en la moto que delataban la osadía.



Con lógica aplastante nos inventamos la excusa mientras volvíamos a dejar la moto en su sitio. Esa misma mañana antes de entrar a clase vimos a una persona con malas pintas intentar apoderarse de la moto de don Luis. Cuando estaba arrancando para llevársela el heroico Quintano saltó atrapando al rufián y cayendo ambos al suelo. En la caída Quintano cayó mal (para darle realismo) partiéndose un brazo y el ladrón sin demora ni disculpa se dio a la fuga. Esto significaba que Quintano se debía sacrificar por el grupo rompiéndose un brazo y como buen grupo democrático así se procedió siguiendo las votaciones: 7 votos a favor y 1 en contra, casualmente, el del propio Quintano.

Desgraciadamente al finalizar bachillerato nos disgregamos y desde aquel día no tenemos noticias de Quintano, pero aun así nos seguíamos viendo una vez por semana.

En estos momentos estamos preparando las bromas de la boda de Chema. Cada uno va haciendo aportaciones y tenemos pensadas entre todos las siguientes. Son pocas, admitimos sugerencias:

  • Precintar la puerta de la iglesia (ya tenemos la cinta comprada en los chinos).
  • Justo antes de entrar a la iglesia y sin que pueda colaborar su novia ni el cura, prometerle 5 euros por cada segundo que pase entre que el cura le ceda la palabra hasta que diga "Sí, quiero."
  • Lanzamiento de arroz de forma original. En concreto hemos hecho bolsitas de arroz con petardo y mecha. Se trata de encenderlos y lanzarlos cual granada, explotando en el aire y desperdigando los granos de arroz.
  • Fabio, que trabaja en televisión, va a acudir con un famoso presentador reconocido homosexual como pareja. Fabio es el amigo favorito de la madre de Chema y siempre le quiso como novio de su hija, aunque estos no pasaron más allá de algún que otro encuentro nocturno.
  • A falta de Quintano, hemos encargado una pre-tarta, antes de la tarta oficial, de la que saldrá una profesional del sector que suma la friolera de 74 primaveras y aparecerá en ropa interior frente a la mesa presidencial.
  • Hemos comprado unos cuantos vasitos de plástico, que llenaremos de agua y distribuiremos a lo largo y ancho de la casa donde van a vivir, para que tengan que ir recogiendo de uno en uno.

3 de septiembre de 2009

Primer día en IDF productos farmacéuticos


IDF productos farmacéuticos es una de las empresas más prestigiosas del país, con sucursales alrededor del planeta, que se dedica a la investigación de productos farmacéuticos abarcando gran multitud áreas.

Por ejemplo, IDF desarrolla soluciones de problemas musculares (Diapentol), estomacales (Oxinotrina que también se produce en grageas aunque son menos conocidas) e incluso antidepresivos o estimulantes (Aurretan 500 y Torinocina respectivamente).


Debido a la efectividad de sus productos y a los mínimos efectos secundarios, IDF es proveedor principal del estado en hospitales públicos y cuenta con un dispositivo de emergencia para situaciones extremas tanto nacionales como internacionales. Esto incluye brotes víricos repentinos de rápida expansión o pandemias y lotes básicos de primeros auxilios preparados expresamente para misiones de paz.

A nivel comercial y dentro de nuestro país, cerca del 37% de la venta de botiquines en farmacias pertenecen a IDF, clasificados en cuarto lugar en la lista de botiquines mejor provistos según la Organización Mundial de la Salud y un primer puesto si limitamos la clasificación a botiquines domésticos.

Conociendo todos estos datos, para un farmacéutico como yo, haber recibido una carta de aceptación para formar parte de la plantilla de la empresa es una alegría imposible de describir.

Tras un proceso de selección bastante duro, compuesto por cuatro pruebas, 6 personas fuimos escogidas para trabajar en un nuevo producto del área de psicología. Las pruebas son específicas para cada una de las áreas a las que, si las superas, podrás ser asignado. En el caso de la psicología, que son las que yo realicé, se componían de pruebas para medir las aptitudes mentales (rapidez de comprensión y razonamiento), aptitudes del sistema simpático (capacidad de reacción y comportamiento instintivo), aptitudes físicas (pruebas de estres, tolerancia a cambios bruscos de temperatura, tolerancia a olores fuertes) y por último, obviamente, una conversación personal con el responsable del área de trabajo sobre mis conocimientos de Farmacia, en especial, la química.

Tras una breve visita a las instalaciones, que pudimos ver únicamente a través de cristales (medidas de salud), nos dirigimos a un comedor donde nos habían servido la comida directamente. No estaba excepcionalmente buena, pero conocemos la importancia de seguir una dieta equilibrada en esta empresa. Las bajadas de azúcar, la hipertensión, o un simple dolor de cabeza, se puede agravar por los componentes químicos que manejamos. Además de la dieta, seguimos unos controles sanitarios periódicos de orina y sangre.

Durante la comida pudimos conocernos algo más. No íbamos a trabajar todos en el mismo proyecto, pero nunca está de más tener contactos en tu propia empresa.

De las seis personas, a simple vista, yo era el más joven. Me seguía Hannes, un chico polaco de poco más de treinta años, Mariola, una chica de la misma edad de Hannes nacida en Gibraltar y criada en Ceuta, Jon, un señor vasco demasiado serio para mi gusto de unos 45 años, Ricardo, el más hablador de todos. Dudo cuando intento calcular su edad, por poner un rango lo situaría entre los 40 y los 50. Y por último estaba Lourdes de 34, la única que no ocultó su edad. Es una chica muy deportista que mantiene su físico a diario y cuyo amor es un Braco de Weimar de tres años llamado Tarso, puesto que lo adoptó tras una lesión en un pié. Todos estamos solteros e independizados, es curioso.

Cada uno estaba asignado a un proyecto diferente, pero todos con algo en común: investigaríamos para el ejército. Nuestros proyectos son de alto secreto, no obstante, os iré contando lo que me permitan.

Mi nombre es Mario Alcázar, aquí empieza mi historia, inaugurando una nueva vida.

14 de octubre de 2008

Un juego: El abogado del diablo

Hay muchas veces que la gente no escucha. Lo vemos diariamente en la política, no se escuchan, cada uno dice una cosa y nunca se llega a un punto en común. Yo creo que esta situación es absolutamente ridícula, no tiene sentido.

Es importante tener unos principios y un pensamiento propio, no dejarte llevar por los demás ni ir donde va todo el mundo. Pararse a pensar las cosas es sano para no ser engañado, es más, no pensar las cosas sería engañarse a sí mismo. Pero no hay razón para cerrarse en ti mismo y soltar siempre una respuesta inerte y constante: "No, no, no, no, no, no, no, no".

El otro día leí un chiste bastante curioso que tiene algo que ver con esto, es largo pero lo resume bastante bien. Es el hombre perdido en el globo:

Un hombre vuela en un globo, cuando de repente, se percata de que está perdido; maniobra y desciende lentamente hasta que divisa a alguien en la calle y le grita desde el Globo: disculpe! ¿Podrá ayudarme? He quedado de encontrarme a las dos con un amigo, llevo media hora de retraso y no se donde me encuentro.

Desde la calle: - Claro que si. Se encuentra usted en un globo de aire caliente, flotando a unos 30 metros de altura, entre los 40 y 42 grados de latitud norte y entre los 58 y 60 grados de longitud oeste.
Desde el globo:- Es usted del PP,¿verdad? - pregunta el del globo.
Desde la calle:- Si señor. Lo soy. ¿Como lo ha adivinado?

Desde el globo: -Es simple, porque todo lo que me ha dicho es "técnicamente" correcto, pero prácticamente" inútil. Sigo perdido y voy a llegar tarde a mi cita porque no se que hacer con su información.
Desde la calle: - Y usted es del PSOE ,¿verdad? - pregunta el de la calle.

Desde el globo:- Si señor. ¿Como lo ha sabido?

Desde la calle: - Es muy simple: Usted No sabe ni donde está, ni para donde va... Ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho se halla exactamente en la misma situación en que estaba antes de encontrarnos... salvo que ahora, por alguna extraña razón la culpa es mía.

(Globo perdido en el museo británico, en octubre del 2007)

Globos y políticas aparte, hace tiempo, cuando era universitario, inventamos un juego que nunca pensé que me serviría para mucho. Lo titulamos el abogado del diablo.

El abogado del diablo, además de una película, era un oficio dentro de la Iglesia católica hasta la llegada de Juan Pablo II. Ésta persona era la encargada de defender una postura con la que no estaba de acuerdo. Intentaba evitar la canonización de santos, exigiendo pruebas y poniendo en duda o negando los hechos atribuidos al futuro santo o beato.

Una buena forma de entender la opinión de los demás es ponerse en su situación e intentar pensar a su manera. Comprendes que no todo es tan negro o tan blanco como tu pensabas y la diferencia de opiniones da ritmo al asunto siempre que haya respeto por ambas partes, por supuesto. Pero ponerse en la piel del otro no siempre es fácil.


Dejo de enrollarme, explico el juego:

  • Entre dos o más personas se hacen varias listas de preguntas (una por persona) sin desvelarlas, de cualquier tema que se pueda discutir, las que queráis, dependiendo del tiempo que haya. Cuanto más personales sean las preguntas, muchísimo mejor, y con respuestas sencillas, "si" y "no". Si quieres facilitarte las cosas, usa tu email. Seguro que hay más de una encuesta que no has llegado a responder, puedes aprovecharla.
  • Una vez que estén preparadas las listas, contestadlas, cada uno las suyas, y , cuando estén contestadas, intercambiaros las hojas de preguntas conservando las de las respuestas.
  • Es bastante difícil que tus respuestas coincidan con tu opinión sobre las preguntas que plantea tu compañero, pero es hora de empezar a pensar distinto por cinco minutos. Aunque no estés de acuerdo con ellas, intenta explicarlas de alguna manera, intentando seguir una lógica.

Este juego lo retomé hace un añito más o menos, cuando me dijeron que los personajes que incluía en mis historias se parecían demasiado a mí. Todos pensaban igual que yo, porque jamás intenté pensar distinto. Ahora lo hago por simple diversión, otros quizás lo deberían hacer para gobernar un país.

La canción de hoy es una versión que me pasó mi colega David anoche y me ha dejado alucinado. Se trata de Given to Fly de Pearl Jam interpretada a piano y voz por Adam Monroe. Son pequeñas maravillas que puedes encontrar en youtube:



8 de octubre de 2008

Buscando en google a mis personajes

Tratando de no aburrirme y habiendo agotado todas las páginas de internet que se me ocurrían, incluida la sección económica de varios periódicos, una tarde, como muchas otras, se me ocurrió practicar la invención de personajes para mis historias.

No era la primera vez que me pasaba. Cogí un bolígrafo, mi cuaderno de tachones (que sería de mis historias sin buenos tachones) y me puse a pensar:

Veamos, los protagonistas,...humm una pareja,... edad adulta pero todavía sintiéndose jóvenes... pongamos unos treinta... él moreno, como yo... bueno no, mejor rubio que si no me iría a la auto descripción, y ella rubia.. demasiado iguales, borremos esto.. Empiezo, pareja, 30 años, él rubio, ella morena, llevan tiempo conociéndose y no saben dar el paso... bueno otra vez esa historia no, mejor están juntos y discuten, o mejor aún, no se conocen y no se llegan a conocer....



Treinta minutos después hay suficientes tachones en mi cuaderno como para jugar una partida de ajedrez por cada párrafo. Escribo a lo largo de la hoja "Jaque mate" y me retiro de la partida.

Estoy aburrido, sin ningún plan y mi vía de escape es el cuaderno que no hace más que retarme desde la esquina a escribir todo aquello que no soy capaz de inventarme. Y de repente una alarma suena en mi pc: Te ha llegado un email.

Qué querrán, ¿ofrecerme viagra? A mí, ¿a los 25? Mi interés a esta edad no debería estar en fármacos ya inventados sino en la experimentación con medicinas alternativas y naturales, pertenezco a una generación que se revuelve inquietamente, odiamos ser borregos, adoramos la independencia, ¿Quién demonios me envía esto? ¿Martín? ¿Qué Martín? Martín Alcázar pone de remitente, que obviamente es un nombre falso.

¿Quién anda detrás de Martín Alcázar?, cualquier chiflado aburrido que desea saturar los emails de hotmail. ¿Con qué propósito? ¿Pasar el rato? ¿La gente no tiene otra cosa que hacer?

No, desgraciadamente algunos no tienen otra cosa que hacer. Y para muestra yo mismo, empiezo a agradecer al Dr Martín Alcázar que me haya ofrecido medicamentos de esta forma, ahora lo primero que pienso hacer es buscarle una cara a este hombre y ocupar el tiempo que sin email habría perdido.

Abres google, un clic en imágenes y escribo: "Martín Alcázar"

¡Así que eres tu eh! me quedo con tu cara, que para nada tiene pinta de doctor, es más, no creo que hayas pasado un examen de universidad. ¿Has comprado el título de tu carrera? Seguro que sí, es más, te voy a decir como ocurrió.

Unos minutos mas tarde la historia de la carrera de Martín Alcázar está escrita. No hay lugar para correcciones, eres así porque yo te he hecho así. Te he descrito basándome en tu foto tamaño carnet y aquí tienes tu currículum.

Pero.... ¿y si Martín Alcázar es el de la foto de al lado? está celebrando su cumpleaños, parece feliz. ¿Por qué no puede ser un tío feliz que ha enviado un email a todo el mundo ofreciendo viagra con un agudo sentido del humor? Como diciendo: "Tu que estás en tu trabajo, olvídate 5 segundos de él, lee esta chorrada, sonríe, bórralo y continúa, te vendrá bien". ¿Por qué no?

Ahora mismo Martín Alcázar es el nombre de 6 personajes diferentes, cada uno de una edad y totalmente diferentes entre sí. Ha sido tan entretenido que hasta se me ha olvidado hacer la cena. Y todo por un email de spam, sin musas, sin sillón de iluminación y sin tener que beber.

(Maravilloso sillón de la iluminación encontrado en ffffound.com)

Esta historia me pasó hace bastante tiempo, no recuerdo si hace más de dos años. Propuse inventar vidas a partir de fotografías encontradas por el google en un foro de internet pensando que no tendría éxito. Dudaba si sería buena idea ya lo más seguro es que tarde o temprano aparecería el primer gracioso de turno con una ingeniosa contestación que enviaría el hilo al más profundo de los infiernos.

Fue una satisfacción ver la cantidad de gente que apoyó el plan. Surgieron decenas de historias cada cual más divertida e ingeniosa. Todas ellas merecían la pena, apenas 3 párrafos que te hacían sonreír o incluso aguantarte alguna que otra lágrima. Y no sólo sobre personas, también hubo gente que escribió sobre objetos, animales y sensaciones.

Desde entonces, cuando me aburro, si la música me lo permite, leo el correo basura. ¿Quién sabe si me va a ser útil?